Mujeres trans esclavizadas

Esclavas de políticos
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Redes de prostitución lideradas por políticos usan medios digitales para anunciar sus servicios. Muchas trans emigran a otros países huyendo de la violencia de las drogas.

Diseño de Investigación: Wendy Funes | Redacción: Melissa Hernández/ Dunia Orellana | Edición: Wendy Funes, Allan Mc Donald | IlustracionesAllan Mc Donald

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación.  Chicas trans que ejercen el comercio sexual son obligadas por las pandillas a hacer narcomenudeo en las calles hondureñas.

El frenazo la hace pegar un salto en la acera y el golpe de la portezuela le saca otro susto. Va retrocediendo con ruido de tacones. No ve dónde pone el pie y está a punto de tropezar. Las demás han dejado de platicar y hacer bromas. Todas están en silencio detrás de ella. Lo sabe sin necesidad de voltear a verlas. 

Leonela sigue dando pasos hacia atrás hasta que un muro contra la espalda la detiene. Ya no tiene adónde ir. Está sudando y le tiemblan las manos. Sabe lo que va a pasar porque se lo dijeron las demás chicas. “Vendé o te plomean, viejita”, le dijeron. Pero no hizo caso y ahora el resultado está allí enfrente.

De la camioneta Prado que acaba de dar un frenazo junto a la acera se bajan un tipo calvo y otro con el pelo recogido en una coleta. El calvo lleva anteojos oscuros, aunque son las once de la noche.  Los tipos no dicen ni pío. Vienen al mandado. Agarran de los brazos trigueños a Leonela, que se ha ido desmoronando contra la pared, la sacuden y se la llevan a rastras. Las otras transexuales se quedan viendo cómo Leonela llora y sacude la cabeza de largo y liso pelo rojiazul. Va pidiendo que no le hagan nada. “Callate, perra”, le dicen los tipos. 

Ninguna dice ni hace nada. A casi todas les ha tocado lo mismo en algún momento y saben que lo mejor es no meter la nariz donde no las llaman. 

También saben que si los de la mara les dicen “vendé”, lo mejor es agarrar los paquetes de droga y ponerse pilas para que la coca circule y entregar el pisto. Se quedan otro rato calladas cuando los tipos meten a Leonela al carro y salen “pitados” por la calle mal iluminada de La Ceiba. 

Los tipos podrían haberla golpeado allí mismo, sobre la acera, pero prefieren darle un “rol” por sitios raros, hablarle de todas las cosas que pueden hacerle, meterle miedo para que deje de hacerse la difícil y empiece a vender droga para ellos. 

Pero de la golpiza no se salva. Al final del recorrido gratis en camioneta, le dan “su buena pijeada” y la dejan botada cerca de una piñera a la una de la madrugada. Allí se queda sentada en una piedra, esperando que amanezca para agarrar un carro de vuelta a La Ceiba. 

A Leonela le va menos mal que a otras transexuales que no solo venden sexo, sino también coca y marihuana, en las calles de La Ceiba y de otras grandes ciudades de Honduras como San Pedro Sula y Tegucigalpa. Podrían haberla matado a golpes o de dos tiros en la cabeza y, como dice la gente, “parte sin novedad”.

Aunque Leonela tiene familiares, es posible que nadie hubiera puesto una denuncia por su muerte. De hecho, ella misma no denuncia la golpiza que le dieron los mareros y prefiere no salir en varios días del cuarto donde vive, esperando que las cosas se calmen. 

En la mayoría de los casos, en Honduras nadie pone una denuncia cuando muere violentamente una mujer trans que, además de ganarse la vida con el comercio sexual en Honduras, se dedica al narcomenudeo. Eso pasa por varias razones. Porque a los familiares les da miedo, porque ya no les importa o porque están seguros de que las autoridades no harán nada al respecto, ni el “teatro” de que están investigando.

En Honduras, parece que las mujeres trans no tienen salida. La sociedad las va empujando  al comercio sexual y el comercio sexual las va orillando a la venta de estupefacientes. 

La trata ha convertido a las transexuales hondureñas en sus víctimas favoritas. Ellas son uno de los principales objetivos de las bandas dedicadas a la trata de personas en este país de unos nueve millones de habitantes, donde reinan la corrupción, el crimen y el desempleo y donde, según nuevas investigaciones, ya no únicamente los delincuentes y la propia policía están detrás del negocio del sexo y las drogas, sino además las clases políticas y empresariales más poderosas. 

 

 

Continuará
Esclavos de políticos
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