Las periodistas hondureñas: una luz en las tinieblas durante la época del nuevo Código Penal

Con esta entrega cerramos nuestra serie Cárcel para la Palabra. Hemos venido advirtiendo sobre los riesgos para la libertad de prensa con el nuevo Código Penal, pero en la luz más oscura mujeres periodistas hacen un ejercicio valiente. En nuestra primera entrega vea: Prisión para periodistas con Acceso a Información de la Administración Pública con nuevo Código Penal de Honduras 

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Redacción: Equipo de RI con reportes de Melissa Hernández, José Manuel Serén Infográficos y diseño: Miguel Ordóñez / Sala de Redacción de RI | Análisis Legal:Eda Meza

El código de la corrupción y la impunidad

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Escapar o callarse, morir o parar en una celda de un temible presidio hondureño es lo que espera a las y los periodistas con la entrada en vigor del nuevo Código Penal este 25 de junio.

 La prensa se plantea los desafíos de cómo será realizar investigaciones en este contexto de falta de libertad de expresión y en medio de la pandemia del coronavirus que está afectando los ingresos de los medios de comunicación.

Por otra parte, a pesar de los retos, algunas periodistas hondureñas se han impuesto en años recientes la tarea de fundar medios independientes que se han convertido en una luz en las tinieblas.

Para muchos y muchas profesionales de este oficio, hacer reportajes de investigación que vayan en contra de los dictados del poder de turno en Honduras equivale a enfrentarse a absurdas penas carcelarias y multas que sólo podría pagar un magnate de medios. Mientras esto pasa, el nuevo “Código de la impunidad”, como lo llama la última campaña del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), “protege corruptos, favorece violadores, beneficia extorsionadores y defiende pedófilos”.

En la contradictoria y peligrosa situación actual en Honduras, el periodismo parece haberse convertido en un oficio de locos audaces que coquetean cada día con la muerte o con la vida (si podemos llamarla así) detrás de las rejas.

“Ahora para mí va a ser muy difícil denunciar, seguir con las investigaciones”, dice una periodista hondureña que prefiere mantener en secreto su identidad para proteger su vida, “porque este nuevo Código va a tener repercusiones en contra de nosotros”.

Las repercusiones a las que ella se refiere abarcan desde multas de más de 500 días hasta penas de seis meses a un año en prisión solo por los delitos de calumnia e injurias.

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Las y los periodistas de Honduras que todavía pueden seguir trabajando deben afrontar la posibilidad de enfermarse de coronavirus. Se cuentan hasta hoy 19 profesionales de la comunicación infectados, incluyendo camarógrafos y fotógrafos (12 en San Pedro Sula y 7 en Tegucigalpa).

Por otra parte, en medios corporativos y espacios informativos se reportan al menos 200 periodistas despedidos. Ahora no saben de dónde vendrá su siguiente plato de comida, mientras otro elevado número de profesionales de esta industria, según informes, han sufrido suspensiones de contrato, de pago de aguinaldo y de prestaciones, así como recortes de hasta del 50% de sus salarios.

“Los periodistas hondureños han sido fuertemente afectados por la pandemia de COVID-19, provocando el cierre de decenas de programas de noticias y espacios independientes, suspensión, despidos y fuertes recortes de salarios”, dice Dagoberto Rodríguez, presidente del Colegio de Periodistas de Honduras.

La crisis en la industria periodística, agrega, se profundizó con la pandemia de COVID-19, creando un “efecto devastador” para los periodistas y sus familias.

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Si a todos estos problemas sumamos el miedo causado por las nuevas reformas del Código Penal que amenazan con encarcelarlos o imponerles multas disparatadas, la angustia de los comunicadores en Honduras alcanza alturas inconcebibles.  

“Es un panorama muy desconsolador al que nos enfrentamos, aparte de la desprotección e inseguridad al ser víctimas de ataques, de violencia, de ser asesinados”, agrega la periodista que se encuentra en el anonimato. Hoy está “preocupada” y “decepcionada” por el nuevo contexto en el entra en vigencia el nuevo Código Penal.

La comunicadora es una de las que reciben medidas del Sistema Nacional de Protección después de que ella y su familia fueron amenazados y perseguidos debido a sus investigaciones sobre los nexos de políticos con empresas de maletín utilizadas para el lavado de activos y con carteles de la droga para el enriquecimiento ilícito, entre otras.

Sus publicaciones han sido difundidas por varios medios internacionales incluyendo a Insight Crime, uno de los sitios especialistas en investigación y análisis sobre el crimen organizado.

Los números sirven para poner el miedo en perspectiva. Si la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), con 32 millones de dólares de presupuesto, no logró todos sus objetivos, “fue bloqueada por la élite política corrupta y al final la sacaron, pónganse a pensar qué nos espera a nosotros: la cárcel o la muerte”, señala la entrevistada.

Tiempo, dinero y profesionales calificados son elementos esenciales para hacer periodismo de investigación de calidad. Sin embargo, el nuevo contexto de la pandemia y la vigencia inminente del Código Penal han obligado a muchas y muchos periodistas a pensar en cambiar de profesión.

“Hacer periodismo de calidad tiene un costo elevado y los únicos que lo hacen son en su mayoría los medios independientes que no tienen pautas publicitarias. La empresa privada y el sector público no se interesan en ayudar a estos medios alternativos porque desde luego tienen intereses”, señala la periodista investigativa.

Crean medios para publicar lo que otros no se atreven

Ser mujer y periodista es un reto en contextos latinoamericanos donde se imponen la misoginia, el machismo y la utilización del cuerpo de las comunicadoras como objeto sexual.

Algunas periodistas en Honduras han sido víctimas de violencia basada en el género por el ejercicio de su profesión. Otras han sido discriminadas, relegadas, censuradas y sin igualdad de salarios en las salas de redacción, algunas veces por sus propios colegas o por los magnates de los medios.

Ante estas violaciones de sus derechos y de la libertad de expresión, periodistas hondureñas han dejado de seguir en el papel de víctimas y han fundado medios alternativos e inclusivos para romper con las cadenas de la opresión, censura y ofrecer igualdad de oportunidades a nuevas generaciones.

“Tanto las mujeres periodistas como aquellas que trabajan en diferentes áreas de la comunicación deben lidiar con entornos amenazantes específicos que restringen su labor e impactan desproporcionadamente en el ejercicio de su derecho a la libertad de expresión”, señala el informe de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión publicado en el 2018.

Según el documento, se invisibiliza “la desigualdad en el ámbito laboral, los comentarios sexistas y misóginos, la violencia sexual o asesinatos de mujeres en razón de su género (o feminicidios), las amenazas o riesgos que enfrentan las mujeres periodistas y no son reconocidos como restricciones indebidas a la libertad de expresión por la mayoría de los colegas, medios de comunicación y autoridades estatales”.

Los casos de machismo no dejan de presentarse en los medios tradicionales e independientes cuando son liderados por hombres, comenta una entrevistada que ha sufrido discriminación por realizar su trabajo. “Por mejor que sea la investigación o el trabajo que yo saque, mi jefe jamás me va a decir ‘qué buen trabajo ese, qué buena investigación hiciste’”, añade. Sin embargo, “si un hombre colega mío hace un trabajo, él comenta ‘está de premio tu artículo’, y tal vez ni siquiera se comparte ni crea una reacción entre la gente”.

Experiencias que impactan

Ejercer el periodismo ha sido difícil debido a la manipulación de la información por parte de las autoridades, relata a Pasos de Animal Grande, Mirian Duarte, periodista y presentadora de televisión. “Las cadenas de radio y televisión usadas por el gobierno de Juan Orlando Hernández han sido la principal fuente de información de las estadísticas y todo lo relacionado con el manejo de la crisis desde la perspectiva del poder”, expresa.

No solo se les impone lo que deben decir. A las mujeres les toca también una parte minúscula de la participación al frente de las empresas pepriodísticas: representan menos del 25% de los puestos directivos de las compañías de medios de América Latina, según la Federación Internacional de Periodistas.

Los números son todavía más bajos cuando se trata de mujeres pertenecientes a poblaciones indígenas, afrodescendientes, de la diversidad sexual y otros grupos.

En Honduras, muchas periodistas han fundado y dirigen medios independientes en su mayoría digitales con el fin de combatir la desinformación y profundizar en temas que los medios corporativos no tratan e impulsar el periodismo de investigación. Entre ellas se destacan Emy Padilla (Criterio), Gilda Silvestrucci (En La Plaza), Lidieth Díaz (El Confidencial), Dina Meza (Pasos de Animal Grande), Lourdes Ramírez (En Alta Voz), Jennifer Ávila (Contracorriente), Wendy Funes (Reporteros de Investigación Honduras), Melissa Hernández, directora de Reportaje Digital. Desde la década pasada existe además el Patriota.hn dirigido por la periodista, Orbelina López.

Las oenegés también tienen periódicos para difundir mensajes relacionados con abusos en contra de los derechos humanos. En la oenegé C-Libre, Miriam  Elvir dirige el periódico Conexihon; en Cofadeh, el periódico Defensores en Línea, con el talento de la periodista Sandra Rodríguez, se especializa en el tema de desapariciones forzadas. También hay otro amplio número de profesionales que tienen programas independientes en la radio y la televisión.

Con la entrada en vigor del nuevo Código Penal, a los periodistas se les coarta la libertad de expresión, prensa e investigación y el acceso a las fuentes de información pública, expresa Lourdes Ramírez, directora y periodista de En Alta Voz.  

La libertad “ya está afectada por el coronavirus”, añade. Para ella, aprobar el nuevo Código es “irresponsable” cuando Honduras se halla en medio de una crisis mundial. En momentos en que “se ha disparado la violencia contra niñas y mujeres, la violación de los derechos está más latente que nunca y hay cerca de 500,000 personas que han perdido sus empleos”, se queja, la prensa tendrá limitaciones “para informar sobre estos casos”.

La censura aumentará, según Ramírez. Los periodistas y medios independientes hondureños pasan por una situación “preocupante”: “Más que una ley, están los riesgos detrás de las leyes, las agresiones, intimidaciones, amenazas, ‘peticiones’ de quitar publicaciones de las páginas web”. Se trata, agrega, de “riesgos reales”.

Á los problemas que vienen de afuera debemos agregarles los problemas internos, como la fragmentación y la desunión del periodismo hondureño, según información recopilada por el Sistema Nacional de Protección. Los fragmentos en que se ha roto la prensa hondureña están “siempre atacándose entre sí”.

El apoyo y la unión son importantes para afrontar todos los retos de los periodistas del país. “Algo oscuro comienza con la entrada en vigor del Código”, agrega la directora de En Altavoz. “Vamos a necesitar el apoyo de la sociedad civil, de los medios de comunicación nacionales e internacionales para articular esfuerzos que conlleven a seguir publicando, si no dentro del país, fuera del país”. 

Ramírez espera que los periodistas tomen una “bandera de lucha”. Cita el periodismo colaborativo en el caso de Guillermo Cano, en Colombia: “los medios hicieron una alianza para pelear en periodismo colaborativo”.

Antes de fundar su medio digital, Dina Meza, directora y periodista de Pasos de Animal Grande, se enfrentó a grandes retos, como ser despedida por negarse a manipular una noticia. 

“Después de ese despido nadie me contrataba en medios corporativos”, relata. “Entonces me lancé al medio digital, me especialicé y vi que era una alameda muy rica, que una podía escribir la verdad y podía decir las cosas sin censura”.

Fundar y dirigir Pasos de Animal Grande fue un gran reto porque al principio tenía miedo, pero después se dio cuenta de que era una excelente oportunidad evidenciar noticias y reportajes que muchas veces se ocultan, y hacer defensoría de la libertad de expresión de los periodistas.

“Apoyamos a periodistas ayudándoles con sus casos. Les hemos llevado la defensa, y lo seguimos haciendo, y monitoreamos los compromisos internacionales del Estado hondureño, entre otras cosas”.

Con su lucha inclaudicable contra las leyes arbitrarias, el autoritarismo, el machismo y la discriminación, las periodistas que llevan adelante proyectos independientes se están convirtiendo en la “piedrita” en el zapato del gobierno de Juan Orlando Hernández.

Ellas desafían la censura, la falta de acceso a la información pública y todo tipo de obstáculos para realizar periodismo de calidad en un país donde solo en el primer y segundo mandato del presidente actual han muerto 46 periodistas.

"El nuevo Código Penal criminaliza con penas carcelarias y multas el ejercicio de la libertad de expresión; con penas carcelarias y administrativas a las fuentes periodísticas; limita el ejercicio del periodismo de investigación e impone sanciones de responsabilidad civil y administrativa a los propietarios de los medios de comunicación social".
Marlen Perdomo
Directora de Proceso Digital.hn
Protesta del Silencio en 2018 para denunciar la censura durante las elecciones generales de 2017. La manifestación concluyó frente en apoyo a Radio Progreso. Al fondo la periodista Eleana Borjas, a su derecha, Wendy Funes y Miriam Elvir. Un contingente militar de las Fuerza Aérea llegó a deshacer la protesta e intimidar a las periodistas con bombardearlas con gas lacrimógeno.