El campamento de la alegría

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Esta noche hay pláticas y risas entre sahumerios, alrededor de las carpas de colores que rodean el centro del campamento cuyo epicentro es un altar. Un altar con la foto de la sonrisa de Berta Cáceres. Casi siempre permanece iluminado y los indígenas llevan ofrendas invocando energías para lograr justicia. Berta sigue viva en el espíritu de lucha ahora no solo del pueblo indígena lenca sino garífuna, maya y mestizo que visita el campamento.

Las actividades son para invocar la fuerza que Berta tenía desde su palabra y su accionar, para mantenerla presente en el campamento. El fuego y las flores mueven las energías que se tienen que mover y para eso es necesario un trabajo espiritual. Las cosmovisiones de los mayas y lencas son ofrendar, dar gracias y pedir protección a la madre naturaleza a través del fuego y de las ofrendas, platica Katherine Cruz de la Red de Defensoras. Es miércoles 26 de mayo.

El ambiente huele a plantas, tierra mezclada con tés de hierbas que serenan el alma y previenen el COVID 19, platica Selvin López de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh). Es un té con jengibre y una cantidad de hierbas medicinales que López resume en que son “buenas para todo”.

En este campamento, el mayor acto de rebeldía es alimentarse con productos traídos de territorios indígenas de Honduras y en cada instante reivindicar la sonrisa y la alegría.

“Hemos comido unas ensaladas deliciosas”, hechas con productos traídos de las comunidades lencas y elaboradas con los ritos de los pueblos indígenas, prosigue Katherine.

Cada acto cotidiano dentro del campamento tiene otra dimensión, otro significado político en memoria de Berta, lo que la gente percibe como una cocina más, ellos le llaman olla comunitaria porque tiene otra trascendencia política, enseña la cosmovisión garífuna y la felicidad de compartir, fortalecer la amistad y derrotar el egoísmo.

“Jugar con los niños y niñas, compartir las visiones de la vida, multiplicar la esperanza. Eso es hacer justicia para Berta. Conservar la alegría es ser rebelde porque el régimen trata de que estemos tristes y preocupados por eso el montón de ataques contra organizaciones y comunidades”, dice Cruz mientras abre más sus ojos almendrados.

Así que los instantes del campamento son construidos con recuerdos del legado de Berta para mantener viva su memoria, reivindicar su pensamiento político y reivindicar la alegría.

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No hay mayor acto de rebeldía que mantener la alegría.

Berta Cáceres

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El campamento está instalado frente a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) desde el 4 de mayo pasado y no parará hasta lograr justicia y la condena de los asesinos intelectuales de Berta Cáceres. Ellas le denominan el Campamento Feminista Viva Berta, organizado por Ofraneh, Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) y apoyado por la Red de Mujeres, ciudadanía de diversos sectores, Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, personas de Copán, La Paz, costa Norte y Atlántica, Foro de Mujeres por la Vida, defensoras de El Progreso y gente de diferentes colonias situadas en la capital de Honduras.

Para el  (Copinh), personas de la familia Atala son los supuestos asesinos intelectuales de Berta Cáceres, de su parte, algunos de los miembros de los Atala han promovido querellas contra quienes se han atrevido a señalarles públicamente,

Periodistas como Félix Molina, Jhonny Lagos y Sandra Maribel Sánchez han recibido ataques mientras han insistido en informar sobre interioridades del asesinato de Berta Cáceres. También el campamento está bajo intimidación permanente, pero nada de eso les quita la alegría.

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