Después de Iota en Chamelecón

Habitantes del distrito de Chamelecón ven con incredulidad el enorme caudal del río desde el malecón. Al fondo, las casas casi cubiertas por el agua. El agua del río Chamelecón corre a pocos metros debajo del antiguo puente de hierro. Los vecinos esperan con miedo una nueva crecida.  

Algunos se lo toman a broma y se balancean en medio del frágil puente para ver la furiosa crecida del Chamelecón. Otros la contemplan con temor.

Perros sin dueño vagan en medio del agua sucia y la basura arrastrada por la creciente del río en el distrito de Chamelecón.

Wilmer Flores y su perrita Eta. “Llegó a la casa y se fue quedando. Al final la adopté”, dice Flores.
Vecinos del distrito de Chamelecón escapan de las inundaciones llevando todas sus pertenencias en bolsas de plástico. Su único refugio está en los lugares altos junto al bulevar del Sur.
“Iota” escribió un vecino en la pared de una casa en Chamelecón.
Fidelina carga a su pato Milagro. Le puso ese nombre porque fue un milagro que lo rescatara en medio de las aguas revueltas de la inundación.
Las pilas de sacos rellenos de arena no impidieron que las aguas del río Chamelecón entraran en esta ferretería. Nadie esperaba crecidas como las que trajo Iota.
El agua tapó de basura las tumbas en Chamelecón tras derribar el muro del cementerio.
Un niño de Chamelecón ve el río crecido desde el puente del malecón. Muchos como él tendrán que dormir a la intemperie en los próximos días.
La gente de Chamelecón salva todo lo que puede. Estos vecinos del distrito llevan sus cerdos a una zona alta para que no se ahoguen.
La destrucción saca a veces lo mejor de la gente. Una mujer ayuda a un hombre a caminar en medio del agua que cubre las calles de Chamelecón.

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