Morazán: ¿Un atrevido educador popular?

Por: Carlos Méndez…….

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. A los 10 años de vida, primorosamente vestido a la usanza de las familias más acomodadas económicamente de la Tegucigalpa el Real de Minas de finales del siglo XVIII y buena parte del XIX, asistió con disciplina y dedicación, a sus clases de gramática latina, aritmética, filosofía y religión, en el Convento San Francisco, en una escuela privada instalada allí, como relatan los historiadores de la época. Le acompañaban otros chigüines de buena “pinta” social, en una época en la que prácticamente no había Escuela Pública y en donde solo personas como “Chico”, podían darse el lujo de estudiar, pues, porque sus padres y familiares eran grandes propietarios de minas, hacendados o comerciantes prósperos y que podían subvencionar junto a otros, de su mismo nivel económico, clases privadas para sus hijos.

Pero aquel cipote no se contentó con las clases privadas y por su propia cuenta, asaltó el cielo con su cerebro y mente privilegiada, y se metió de lleno en una carrera de autoformación alucinante para los historiadores y la historia misma. Se sumerge ora en las bibliotecas más famosas como la de su tío Dionicio de Herrera o la del escribano León Vásquez. Con el primero, Morazán no solo estudia francés, sino que logra, en el idioma de los Enciclopedistas, en su propio lenguaje, empoderarse de la teoría y la práctica de los pensadores que influyeron categóricamente en los procesos que desembocaron en el estallido de la revolución francesa en 1789 y más tarde en toda una legión de hombres y mujeres en la Honduras y la Centroamérica unificada.

Todavía hoy, muchos desconocen, por cálculo “educativo” de los conservadores, que Morazán no pisó ninguna aula universitaria ni Escuela militar alguna; sin embargo, se graduó a puro pulso en las ciencias del Derecho (que lo capacitó en Derecho Penal y Civil conocimientos académicos informales que lo  llevó a desempeñarse, v.g, como escribano y secretario del Ayuntamiento de Tegucigalpa dirigido por Narciso Mallol. También fue un regio militar y gran estratega de guerra de la altura de otro héroe y libertador: Simón Bolívar.

 También la mayoría del pueblo desconoce que Morazán fue un escritor y poeta, Pero por encima de todo, un hombre con elevados principios morales y éticos y con un denotado amor por la gente humilde oprimida por el poder económico y político, heredado de la colonización española.

El otro Morazán “desconocido” es aquel que conoció a los Enciclopedistas impulsores de la Educación Universal común, igualitaria y gratuita para el surgimiento del “hombre nuevo”, como lo formuló Jean Antoine Condorcet “el filósofo de la educación” de la revolución francesa, como lo llamaría Voltaire. 

Más adelante, el británico, Joseph Lancaster un pedagogo conocedor de la fuerza teórica de Condorcet, materializa el método de la “enseñanza mutua” o método lancasteriano, que más tarde impulsa Morazán como Presidente de la República Federal de Centroamérica.  “Sin educación no habrá igualdad en las personas (…) y estamos expuestos a que nos caiga sobre nosotros, un yugo que no lo podamos sacudir jamás”. Estas palabras dichas por el prócer son recuperadas genialmente por el hondureño Longino Becerra en su libro “Ideas pedagógicas de Morazán”. 

De su lectura maravillosa, se puede inferir la huella indeleble por estas tierras,  de un  gran ser  humano de carne y hueso,  con sus debilidades y virtudes que es capaz de realizar, fusil en mano  y más, como intelectual civilista, su mejor sistematización de vida, aprendiendo y aprehendiendo de grandes filósofos como Robespierre que, militantemente fueron al paso de una opción pedagógica preferencial por los oprimidos, es decir, una educación profundamente política (ningún proyecto educativo es apolítico): “todo cambio radical de la educación constituye por sí mismo, dijo el filósofo-,    una revolución firme de los pobres” (citado por Becerra). 

Y Morazán, pensando en la juventud centroamericana como esa “porción escogida para regir algún día los destinos de la Republica, no puede marchar sin tropiezos sino buscando en la educación el cultivo de la inteligencia” (…) “Hablo de la sencilla educación popular que es el alma de las naciones libres” (citado por Becerra y otros).

No se diga más. Si Morazán viviera, estamos seguros que dialogaría con los líderes sentí pensantes de su pueblo y los motivaría a un re encuentro o dialogo para contrastar el método lancasteriano que impulsó sin vacilaciones y los invitaría  a dialogar con los procesos educativos de la pedagogía moderna y aquí, con su sabiduría, corazón y fe, impulsaría sendos procesos de Educación  popular, junto a Paulo Freire y con él,  otros pedagogos de la liberación de  Centro y Latinoamérica entera, desde una mirada de la teoría del conocimiento  que fundamenta una educación que articula practica y teoría  para transformar la realidad, “privilegiando la práctica y que pone la teoría  al servicio y/o, en función de la primera”.(Oscar Jara). 

Y en Honduras por supuesto, nuestro héroe y mártir nos invitaría a recuperar ¡ya!, propuestas pedagógicas con visión de país y defensa de la democracia participativa, como la del querido e inolvidable Maestro Becerra, con lo que podríamos re decir al rato: ¡Morazán vive como un atrevido y audaz educador popular!    

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