Impacto de la religión evangélica en el discurso de los medios de comunicación hondureños y la desinformación

Análisis | II Parte

Por Luis Hércules

El siglo XX

Desde siempre, los imperios fueron capaces de doblegar la moral, la ética y las voluntades de los pueblos a través de religiones, industrias culturales, entretenimiento, arte o música, pero entrado el siglo XX, el mundo se había fragmentado tanto, que cada imperio tenía más cerca el rango de choque con el siguiente, ya fuera a nivel político, religioso, cultural, musical, etc.

Para el siglo XX, las tres narrativas de los imperios dominantes provenían de Nueva York, Londres, Berlín y Moscú. Narrativas que “pretendían explicar todo el pasado y predecir el futuro del mundo; “el relato liberal, el relato fascista y el relato comunista”.

Harari apunta en su libro “21 lecciones para el Siglo XX1”, que la Segunda Guerra Mundial inhabilitó al relato fascista y toda su maquinaria propagandística, y desde finales de 1940 el mundo se volvió un campo de batalla entre los relatos sobrevivientes, el liberal y el comunista.

Los primeros tanques de pensamiento

En 1948, surge formalmente el término moderno de “Think Thank” o “tanque de pensamiento, laboratorio de ideas, gabinete estratégico, centro de pensamiento o centro de reflexión”, y de origen militar. El primer centro debidamente reconocido como tal, fue la Corporación RAND, creada por el general Henry H. Arnold y enfocada en “investigación y desarrollo”.

Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial (SGM), Estados Unidos implementa el Plan Marshall, como estrategia de apoyo y recuperación a los países europeos destruidos. De este aprendieron que se podía incidir directamente en las políticas internas de los países. Encontrando una nueva forma de influir diplomáticamente en los asuntos externos de los países.

El surgimiento de los medios de comunicación corporativos dio pie a que estos medios sirvieran de megáfono para dichas narrativas y políticas sociales. Acompañando a los Gobiernos y su institucionalidad, manteniendo distancia con las peticiones sociales de los movimientos en el caso Latinoamericano.

A continuación, se desataron huelgas, levantamientos y revoluciones en el continente. La cubana, de 1960, se convirtió en la más influyente en las venideras.

En el resto de América Latina, se romantizó al Comunismo, mismo que sirvió de bandera contra la dominación del imperio estadounidense en la región durante la Guerra Fría. Para la década de 1960, surge la Teología de la Liberación promulgada por los Jesuitas, caracterizada por “una preferencia por los pobres”.

La Teología de la Liberación como corriente de pensamiento Latinoamericana

En aquellos años, el acceso a los medios de comunicación eran un privilegio de las zonas urbanas y la línea informativa provenía de las ciudades ‘más políticas’, o en su defecto, las capitales. Por lo que los curas, como tradicionalmente ha ocurrido a través de la historia, servían a través de sus sermones, como informantes e intérpretes de la realidad de las naciones.

La Teología de la Liberación, ubicándose “de lado de los pobres”, fue aceptada por los movimientos revolucionarios que se expandían por Latinoamérica. En 1968, se funda (formalmente) el Centro Gumilla, un Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús –Jesuitas- en Venezuela. Acompañaba desde inicios de la década de los sesentas, a organizaciones campesinas, trabajó en conjunto con organizaciones sociales de base y combinaba el trabajo social con la reflexión política.

A partir de 1968, se dio inició la implementación del Plan Cóndor en América Latina. Un mecanismo de coordinación de acciones y apoyo entre las cúpulas militares del continente, que eran financiadas por Estados Unidos y con el fin de crear barreras a las ideas expansionistas del Comunismo, pero en el fondo, soslayaba las intenciones de libertad y soberanía de los pueblos latinoamericanos.

Con “el Cóndor”, Estados Unidos logró manejar algunos países, pero se salieron de su control Nicaragua con la revolución Sandinista en 1979; la Guerra Civil en El Salvador a partir de 1980; y casi se le escapa Guatemala. Honduras fue un centro de importancia estratégica militar para EEUU.

Los medios de comunicación, ¿al servicio de quién?

En El Salvador, los medios de comunicación corporativos informaban desde el lado del oficialismo y el militar; mientras tanto, la guerrilla lograba montar en 1981, la primera radio clandestina, “Radio Venceremos”. La voz oficial del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.

Para ese momento, los Jesuitas habían logrado abarcar varias regiones de Centroamérica. En Honduras, la primera transmisión de Radio Progreso, fue en 1956, pero fue hasta 1970 que la Compañía de Jesús, en El Progreso, Yoro, adquirió sus derechos, y según versa en su página, desde entonces “es la voz de los sin voz”.

En El Salvador, los curas Jesuitas lograron tanta influencia que Monseñor Romero -santificado desde Roma-, reconocido por su posición en defensa de los Derechos Humanos y muy a favor de los pobres; aprovechaba sus homilías para predicar e informar sobre la situación y la Guerra. En 1980 fue asesinado saliendo de una misa. En 1989 ocurrió otro hecho sangriento en la Universidad José Simeón Cañas (UCA), donde fueron asesinados 5 curas jesuitas y 3 personas más, que hoy son reconocidas como “los 8 mártires de la UCA”.

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