Impacto de la religión evangélica en el discurso de los medios de comunicación hondureños y la desinformación

Análisis | I Parte

Por Luis Hércules

Primera estación: La revolución cognitiva

Para hablar del impacto del discurso religioso en los medios de comunicación, es necesario comprender la influencia de las religiones en la opinión pública a través de la historia y el poder.

Para lograr una mejor comprensión, es importante remontarnos a tiempos incluso previo a los imperios que conocemos. Yuval Harari, el historiador que predijo que “Honduras desaparecerá en 2050”, en su libro “Sapiens”, hace una narración sobre la revolución cognitiva hace unos 70 millones de años, cuando los cerebros de los Homo Sapiens –una de las distintas variedades de humanos que existían- empezaron a tener ideas y producir sonidos con mensajes que retraban la abstracción de su comprensión del mundo.

Según el mismo historiador, a partir de allí, los Homo Sapiens empezaron a crear mitos y dioses a favor de aquella comprensión y con ello diversas narrativas. Por supuesto, esas líneas de pensamiento le dieron ventaja ante el resto de las especies de humanos; el Homo Habilis que evolucionó al Homo Erectus, los Australophitecus, el Homo Floresiensis, Homo heidelbergensis que se convirtió en el Homo Neanderthalensis, y el Homo Sapiens, que se diferenciaba de todas las especies anteriores por eso, su capacidad de pensar y comunicar.

El Homo Sapiens, al ser el primero con capacidad de pensar y comunicarse tuvo la oportunidad de proteger a su tribu, luego la expandió y así hasta que fue capaz de ir eliminando a las otras especies por no ser como él y por no entender su “lenguaje”.

Según Yuval Harari, entre aquellas formidables capacidades de comunicación estaba inventar historias, chismes y mitos que nos dieron la posibilidad de crear dioses y narrativas. A lo que asegura, “los humanos pensamos más en relatos que en hechos, números o ecuaciones, y cuanto más sencillo es el relato, mejor”.

Desde entonces, las élites humanas (homo Sapiens), herederas de las ideas de expansión, y extinción de las tribus que no piensan como ellas, han seguido conquistando y acabando con otras tribus e imperios. Para ello han utilizado desde armas, bombas, hasta a comunicación y la creación de historias con narrativas a su favor.

Megáfonos de los imperios

Desde el imperio egipcio, romano, otomano, británico, los zares en la Rusia antigua, los diversos imperios chinos, todos, sin distinción, han creado narrativas y mitos impulsados por religiones y los diversos medios creados para comunicar, ya sean música, pinturas, impresos, radios, cine, televisión y hoy en día “algoritmos digitales”.

La religión católica fue una de las principales herramientas políticas e ideológicas del imperio romano y su influencia en occidente y medio oriente. El Imperio romano en occidente cayó en 476 después de Cristo, pero en medio oriente tuvo influencia hasta 1453 d.C.

Tal caída no implicó que sus instituciones desaparecieran, al contrario, continuaron validando y reforzando a las pequeñas monarquías que surgieron en las regiones. Y ese fortalecimiento de los reinos también hizo que la religión católica tuviera una división impulsada por Martín Lutero desde Alemania en el Siglo XVI que se conoció como la Reforma Protestante. Haciéndole frente al Papa, a la religión católica y sus acusaciones de corrupción.

En 1534, se funda también, pero a lo interno del catolicismo; la orden religiosa “La Compañía de Jesús”, conocida como la corriente de los Jesuitas.

Para entonces, la religión católica ya había llegado a Latinoamérica, como el café, a través de los colonos españoles que la utilizaron para despojar a los nativos de sus creencias tradicionales. Logrando influenciar a los pueblos y someterlos a sus intereses.

El protestantismo también se expandió por el resto del Norte de Europa y fue adoptada por el Imperio Británico. En aquel momento la monarquía británica, incluía dentro de su institución a curas o sacerdotes católicos, pero fue también en 1534, cuando el Parlamento Inglés aprueba la primera Acta Supremacista; que le daba, a partir de entonces, potestad a la Iglesia Anglicana, con orígenes en el catolicismo, pero apegándose la doctrina protestante. Con ello, el rey Enrique VIII, obtenía la potestad de ser “la suprema y única cabeza en la Tierra de la Iglesia de Inglaterra” y se prohibía a los curas, relacionarse con el Papa y Roma. Y las propiedades de la Iglesia pasaron a ser propiedad de la Corona Real y ocasionaron un grave descontento en el catolicismo.

Pero en 1554, fue derogada por la reina María I de Inglaterra, de afiliación católica. Tal acontecimiento, ya había ocasionado una fractura religiosa a lo interno del imperio y su periodo de Gobierno se marcó por intentar restaurar el poder del catolicismo en Inglaterra e Irlanda; mismo que se recuerda como un sanguinario proceso.

En 1559 fue sucedida por la reina Isabel I de Inglaterra, quien aprobó la Segunda Acta Supremacista, misma que creó otra línea religiosa denominada “Isabelina”. Ésta incluía entre su juramento a la supremacía, donde toda persona que ocuparía cargos públicos debía jurar obediencia a la corona y su religión.

Apartando u obligando a los católicos a despojarse de su afiliación y en muchos casos, de sus tierras, fortunas y con ello creció un sentimiento de repulsión a lo externo.

Ese fue el principio de la asunción de la religión anglicana-protestante que acompañaría al imperio británico en su posterior expansión por África, Asia y en especial a Norteamérica, con los colonos.

Las trece colonias

Trece colonias fundadas entre el Siglo XVI y XVII, ubicadas en la costa este de Estados Unidos, influían en la independencia de este país en 1776.

Dichas colonias, eran compuestas en su mayoría por migrantes de Gran Bretaña y Alemania, que huían buscando, entre sus principales razones; libertad religiosa. En sus países, el catolicismo y el anglo-protestantismo ya tenían enfrentamientos y persecución.

Durante el Siglo XVIII y XIX, las colonias británicas continuaron su expansión territorial por el resto de Norte América y bajando al Sur. Dicha expansión, al igual que en Latinoamérica, acarreó el tráfico de esclavos negros a territorio estadounidense.

Para lograr mayor comprensión, es necesario recordar que la concepción de la esclavitud, también está cruzada por el cristianismo -comprendido como línea religiosa más general-.

De acuerdo con Roger Cervino Hernando, de la Universidad de Barcelona en su estudio sobre “La justificación teológica de la esclavitud”, de Agustín de Hipona, asegura que fue hasta el siglo V d.C, “que la esclavitud fue justificada desde un punto de vista teológico, creando los argumentos necesarios para que esta ya no fuera consentida solo de manera legal, e institucional, sino para que también, desde el ámbito de la moral cristiana, se admitiera como una manera más de relación entre seres humanos”.

El siglo XIX, se marcó por luchas de independencia de España y guerras por la abolición de la esclavitud en diferentes zonas del continente y el mundo. El último país en abolirla como tal fue Brasil en 1888. Pero ello no significaba la retirada de las principales potencias por continuar colonizando regiones. En 1898, ocurrió la guerra Hispano-estadounidense, en la que Estados Unidos derrotó a España y con ello perdería el último dominio de sus colonias americanas que ahora pasaban a ser leales a las políticas del nuevo imperio.

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