El peligro del autoritarismo 

Por: Rossel Montes 

Tegucigalpa, Honduras |Reporteros de Investigación. Honduras desde la época colonial fue una provincia siempre sumida en la marginalidad y el atraso socioeconómico; atraso histórico-estructural que aún cala hondo en la actualidad. En el siglo XX, el autoritarismo bajo las dictaduras y gobiernos militares fueron el ABC de los procesos socio-políticos en la vida del país.

Básicamente, la razón de ser del autoritarismo es perpetuar el statu quo y crear formas de dominación de masas, control social y coerción.   En la década de los 80 , el país  entra en un proceso de “democratización”  como lo explica el politólogo Samuel Huntington (La Tercera Ola) que dejaba atrás los regímenes militares que a decir de algunos politólogos,  “Ya no eran necesarias” las sangrientas dictaduras militares, que fueron utilizadas para cumplir con diversas funciones:  en el caso de Honduras se llevaron a cabo bajo las dictaduras políticas económicas propias del desarrollismo CEPALINO como lo son el fortalecimiento del sector público, fortalecer el mercado interno y la macroeconomía.  La década de los 80s a pesar de ya no estar en una dictadura militar, más bien en una “democracia representativa” fue una década sangrienta y desaparición de militantes comunistas y de casi toda la izquierda de la época.  

El país lamentablemente ha vivido más los avatares del autoritarismo que las bienaventuranzas de la democracia, que casi ha sido una entelequia en la vida social de las grandes mayorías.  La preocupación se nota en todos los sectores de la población, ¿En qué momento ha retornado el autoritarismo bonapartista a nuestro país?  Vemos que los pequeños logros de haber entrado al proceso de “democratización formal representativa en los 80s” se está terminando de destruir en zarpazo y en tan sólo unos pocos años, podemos ver los tremendos retrocesos. 

Una remilitarización de la sociedad, y ya sabemos en las experiencias de América Latina que toda remilitarización de la sociedad implica, la destrucción de la democracia y la destrucción de toda forma sociopolítica encaminada a la creación de sociedades más autónomas.

Estamos pasando por uno de los momentos más difíciles, momento en el cual, si no hay un movimiento social y una oposición articulada con el fin de definir los límites de maniobrabilidad del autoritarismo del gobierno.  En este momento histórico hay una cacería de líderes sociales, luchadores medio ambientales y también contra la libre expresión, está bajo amenaza, lo cual es sumamente preocupante, cosas que no veíamos desde el golpe de Estado, como sabemos la libre expresión es condición sine qua non de las democracias y una sociedad relativamente libre.  Estamos ante un gobierno que le apuesta por el autoritarismo, donde la democracia no cabe, donde se gobierna para los poderes fácticos.  El autoritarismo y las dictaduras están a la vuelta de la esquina, no es algo del pasado y ese es el reto de la izquierda y los movimientos sociales.  

Sin embargo, Honduras se encuentra en la encrucijada del autoritarismo, unas instituciones totalmente coaptadas por el poder fáctico del ejecutivo y que responden a los intereses de las elites y las necesidades geoestratégicas del consenso de Washington.   

No casual y es necesario encontrar las actuales contradicciones del movimiento social en la historia, en lo histórico-social, que el proyecto del Juanorlandismo responde a necesidades muy específicas, a saber: la de detener el avance de la izquierda y los movimientos sociales que tomaron fuerza luego del Golpe de Estado del 2009 y todo el movimiento socio-político que acuerpa la posibilidad de acceder al poder por la vía electoral.  En el siglo XX se dan ejemplos muy claros de la aparición de dictaduras como bien lo argumenta Herbert Marcuse y esa unidimencionalidad del hombre del siglo XX, la sociedad represiva necesita del autoritarismo cuando el capitalismo se ve amenazado por fuerzas que pueden destruir las relaciones sociales, el tejido social alienante y todo el sistema imperante. 

Es necesario para la ciencia social, la sociología, ciencia política y la historia, rastrear y analizar el proyecto o mejor dicho anti-proyecto destructivo de la vida pública del Partido Nacional. La historiadora Ethel García en varias de sus obras hace un estudio sobre la vida política y las practicas electorales en Honduras. Revisando la bibliografía en general se puede ver que los proyectos autoritarios han estado a la orden del día en nuestro Estado-nación, ¿Es un Estado nación? Se preguntaba Juan Arancibia y así muchos historiadores, del siglo XIX y XX, Hay que recordar que el avance el liberalismo en la provincia de Honduras inicia realmente con las Cortes de Cádiz para desembocar con la ruptura independentista y la construcción de la Confederación centroamericana, donde se intentó crear una república democrática, tal fue el sueño de José del Valle y Francisco Morazán, asesinado precisamente por intentar mantener unida a esta región. Luego el intento de la Reforma liberal 1876-1900, que antes había sido atacado por un periodo “anárquico” donde se mezclamos el liberalismo incipiente con las ideologías conservadoras ligadas a las clases terratenientes. Las practicas electorales en el siglo XX fueron incipientes, pero que aun así coadyuvaron a la construcción de un insípido sector público (Mario Posas) para fuego pasar al siglo XX donde los intentos de desarrollar la cultura democrática y la participación ciudadana fue entorpecida por la arremetía de dictaduras al servicio del capital trasnacional con las economías de enclave y las elites de turno.  Todo esto nos conecta con el neo-autoritarismo del anti-proyecto del Juan Orlando, el partido Nacional y EEUU. El breve interregno de democracia representativa de partidos desde 1982 fue interrumpida por el Golpe de Estado del 2009 donde se evaporó en un instante lo que se había construido décadas atrás.  

La pregunta es ¿Cómo es posible que no hayamos podido construir un Estado fuerte y capaz de mantenerse fortalecido contra el autoritarismo y su posible evaporación? ¿Cómo es posible que en un instante se retroceda casi un siglo? En este sentido como bien diría Jurgen Habermas, el proyecto de la modernidad con  sus postulados de igualdad, emancipación y liberación están totalmente vigentes en una sociedad hondureña que pide a gritos la democratización de sus arcaicas estructuras.  Evidentemente que los postuladosde liberación y democratización no saldrán jamás de los proyectos oscuros de las retrogradas oligarquías “nacionales” que de nacionales no tienen nada y peor aún, de un Partido que se hace llamar Nacional pero que ha cedido el territorio nacional al mejor precio, y en esto liberalismo y nacionalismo son tan culpables. 

El proyecto del juanorlandismo a arremetido contra toda la sociedad, llevando al extremos los postulados del neoliberalismo, agudizando un anarco-capitalismo y profundizando un narco-estado, lo cual es la antítesis de la construcción de una democracia fuerte y una cultura democrática, recordando que cultura democracia es todo movimiento que ayude a la creación de una fuerte tradición en la participación, educación y formación de los ciudadanos, el ciudadano debe participar de la vida política y la vida pública, ya que en esa medida este puede ejercer sus derechos y obligación y crear una acción social y comunicativa que fortaleza las instituciones, la dialéctica sociedad civil-estado.  

El partido Nacional ha devenido en una amenaza y un obstáculo para desarrollar el país por la senda de la democracia, democracia que los otros países de Centroamérica gozan actualmente, una democracia incipiente pero que respete las más elementales prerrogativas, lo cual nos hace estar muy lejos de ellos.  Solamente con la creación de un bloque histórico, con una izquierda que entienda que la hegemonía se toma antes de la toma del poder, una verdadera oposición unificada que asuma su rol histórico, podrá Honduras aventurarse por la senda de la democracia y la participación ciudadana. 

La algarabía electoral se ha apoderado de la vida nacional como es de costumbre, la maquinaria electorera que reproduce el sistema alienante se ha apoderado también de la oposición que le apuesta por elecciones en un país que no cuenta con las condiciones para ejecutar elecciones transparentes y democráticas. Al parecer tiene mucha razón Chantal Mouffe al argumentar que los nuevos movimientos sociales han sustituido a la antigua clase obrera, al menos esa centralidad ontológica que el marxismo clásica le adjudicaba; el cambio social recaerá en los movimientos sociales y en la medida que estos logren articular las fuerzas sociales para el cambio histórico. 

Es sumamente preocupante en la algarabía electorera actual donde los partidos políticos buscan hacer alianzas hasta con sectores históricamente involucrados en la criminalidad y el saqueo, explotación de la cual las grandes mayorías son objeto por parte de las elites económicas del país. Argumentar y hasta justificar que la ética no es importante de los procesos sociopolíticos, ni de las estrategias ni tácticas.  Tal como asevera Adela Cortina “ Si la tica abandona a la política, está en peligro la democracia”.  Podemos notar que ni los partidos emergentes y jóvenes se salvan del autoritarismo interno, la ausencia de democracia a lo interno de sus estructuras partidarias es algo que asombra, que perturba, tal como lo ha apuntado el politólogo Víctor Meza.  La izquierda opositora es de raigambre “socialdemócrata” pero con prácticas estalinistas a lo interno de su partido, donde una estructura vertical es el que somete a toda la vida orgánica del partido. Algo que nos recuerda a la Ley de hierro de Robert Miquel, todo partido lleva en si su propia burocratización y semilla antidemocrática. No es algo que debe ser así, los partidos políticos deben ser órganos de deliberación política, búsqueda de sentido para darle una vida orgánica a los partidos políticos, y así mismo oxigenar la precaria democracia actual.  

El caso del Salvador es otro ejemplo de autoritarismo y populismo mesiánico, categorías que había estudiado el sociólogo brasileño Octavio Ianni en el siglo pasado y que arrojaron luz para emprender la problemática sociopolítica de Americalatina. Si bien es cierto, que Bukele ha demostrado ser algo eficiente en la solución de la vieja problemática administrativa- cuestión que atractiva para sus seguidores- y hasta cierto punto los comprendo, sin embargo, el fin no justifica los medios, no es correcto de una política democrática eliminar la pluralidad de la vida pública y del Estado de derecho con el fin de “eliminar la corrupción” Bukele busca neutralizar a la oposición- cuestión que es muy practicada en América latina, y que hasta la llamada oposición hondureña podría llegar a practicar si en algún momento historio llega a hacerse con el poder político.  

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