Las ciudades modelo y la construcción democrática

Foto: Cesar Fuentes

Por: Rossel Montes

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. En los días recientes nos hemos dado cuenta que el decreto para el proyecto de las denominadas ciudades modelo ya es un hecho consumado. Todo esto nos pone a reflexionar sobre los devenires y avatares de nuestra nación en torno a las posibilidades estatales, socio-históricos y políticas que tenemos a mano para salir del obtuso e ignominioso e hipertrófico subdesarrollo en el cual hemos estado diluidos en todo nuestro recorrido histórico como Estado-Nación. La decisión ya ha sido tomada totalmente ha espalda de cualquier consenso democrático y participativo, negándole a las grandes mayorías poder participar en la construcción de los procesos históricos y políticos de los cuales las grandes masas empobrecidas son constructores directos… Con esto queda en pie y totalmente manifestada las profundas debilidades de la democracia formal o burguesa para usar un término más duro y categórico propio de la teoría critica.

Las sociedades occidentales y “democráticas” se jactan de tener un funcionamiento respecto de las complejidades históricas de los pueblos, a saber; que son incluyentes, relativamente “participativas”, pluralistas, dinámicas, flexibles y antiautoritarias; discurso exacerbado producto de los autoritarismos de izquierda del siglo XX (Socialismo Real) … El pluralismo democrático ha sido uno de los grandes logros de la historia contemporánea, pero esta no ha venido ipso facto arrojada al mundo histórico político de la conflictividad social y humana. Las condiciones democráticas en la cuales vivimos inmersos, han sido producto de luchas política a lo largo de la historia (lucha de clases) y no un regalo de la contingencia y bienaventuranza de las elites…

Los teóricos de la democracia burguesa-formal le han adjudicado a ésta una caracterización ontológico-universal “insuperable.” Han sido muchos los que realmente han teorizado sobre las formas de la existencia y la construcción de una cultura democrática, en la cual todas las contradicciones de la sociedad estén reflejadas y haya una armonía entre representados y representantes; pero dichas teorizaciones no han podido llevarse a la práctica por muchas razones…En Honduras estos tópicos y constructos teoréticos y complejos brillan por su ausencia, en concreto los logros alcanzados por la sociedad civil, el Estado y los movimientos sociales recientes han sido contradictorios y endebles, también producto de la descomposición social que actualmente no abate, que es la negación y la antítesis total de cualquier convivencia democrática elemental. Debilidad institucional que quedó evidenciada con golpe de estado del 2009.

Los modelos económicos y políticas de Estado para acelerar el crecimiento y un desarrollo exógeno y endógeno ha sido preocupación de muchos y de “Pocos” (políticas demagógicas de Estado) pero sí lograr sustantivos y radicales alcances en materia macro y microeconómica…la incapacidad estatal de crear verdaderas políticas económicas que vayan de acuerdo y en sintonía de los elementos

Fundamentales de toda democracia que tenga como meta y horizonte, el bienestar de las mayorías en Honduras se ha convertido en una total entelequia a decir de algunos filósofos políticos y una total utopía a decir de algunas mentes obtusas y pesimistas respecto sobre el devenir y futuro de Honduras.

Al parecer se quiere repetir y emular los viejos y caducos modelos propios de las economías primarios-exportadoras de finales del siglo XIX y principio del siglo XX, que si bien crearon relativas condiciones para un crecimiento económico (construcción del capitalismo) y una relativa complejización de las obtusas estructuras socioeconómicas del estado de Honduras también crearon las estructuras políticas para la dependencia de nuestra economía respecto del capital y el imperialismo. Posteriormente vendrán otros modelos planteados por la CEPAL (desarrollismo, modernización del Estado y el debate sobre la dependencia de las economías latinoamericanas con la tipología de centro y periferia) y por último el neoliberalismo que será el toque de gracia para el desmantelamiento del Estado, una total debacle de las pobres economías latinoamericanas y la nuestra no será la excepción.

Las ciudades “modelos” ponen entre dicho y desnudan la capacidad (ausencia total de planificación) del estado, la oligarquía, clase política (partidocracia) de crear resortes de crecimiento y desarrollo social y enmarcarnos en un plan de nación con resultados a corto y a largo plazo.

La democratización radical de la sociedad hondureña pasara antes por un proceso tortuoso-contradictorio de industrialización previa si se quiere alcanzar estadios de desarrollo y liberación total, respecto de todas las esclavitudes históricas.