Gigantesca explosión en un inestable Líbano con protestas masivas e intervencionismo extranjero

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. La explosión de proporciones catastróficas ocurre en un país que limita con Israel y Siria. Una tierra con petróleo e inestabilidad política y con una historia de intervencionismo extranjero en la diversidad social y religiosa que dificulta la cohesión social.

Las protestas por la  acelerada devaluación de la moneda del Líbano frente al dólar y las decisiones políticas han sumido al país en un caos solo comparable con el estallido de heridos que llenaron este martes los hospitales, después de la explosión de una parte de la ciudad.

A causa de la explosión hubo 10 muertes, informaron inmediatamente los medios, falleció el Secretario General del partido Falanges Libanesas (Kataeb), Nizar Najarian, los hospitales se declararon insuficientes para atender a los heridos y la Cruz Roja Libanesa llamó a donar sangre mientras había heridos atrapados en los escombros. El edificio de un medio de comunicación resultó destruido, informaron agencias de noticias.

El gobernador de Beirut apareció en las portadas de los principales diarios del mundo comparando esta situación con la explosión de la bomba atómica. Según El Universal de México, “El gobernador Marwan Abboud afirmó que hay al menos 10 bomberos desaparecidos; “había un incendio, los bomberos fueron a apagarlo; entonces ocurrió la explosión y desde entonces están desaparecidos, los estamos buscando. “Me recuerda a Hiroshima y Nagasaki”, dijo gobernador de Beirut.

Esta tarde no se sabía el motivo de la explosión. El medio 14 milímetros.com especializado en cobertura de guerras escribió en su cuenta de Twitter:

La revista Descifrando La Guerra, también especializada en cobertura de conflictos bélicos, explicó la situación de inestabilidad económica, social y política que atraviesa el país como contexto de esta explosión.

Protestas en el Líbano: Descifrando la Guerra

Fragmento tomado de Descifrando la Guerra:

“Si el ejército trata de desbloquear la carretera por la fuerza, ¡me prenderé fuego!” gritaba un hombre durante las protestas en la carretera Beirut-Sidón, una muestra de lo mucho que esta en juego.

Las actuales protestas en Líbano, que dieron comienzo el 17 de octubre de 2019, se expandieron por todo el país en una condena al sistema político sectario, el estancamiento económico, la corrupción endémica y un sistema bancario que beneficia a una clase dominante opulenta. Los líderes sectarios, antiguos señores de la guerra y milicianos, la clase política y la oligarquía bancaria conforman una triada que gobierna el país desde el fin de la Guerra Civil y se reparte entre sí las cuotas de poder. Por lo tanto las protestas debemos enmarcarlas históricamente dentro de un proceso de profundo cambio social debido al relevo generacional y al hartazgo con la situación económica y política del sectarismo. Además de importantes cambios geopolíticos en la dinámica de la región como de las fuerzas políticas internas del país. Unos cambios que no dejan de estar marcados por los acontecimientos pasados como la Guerra Civil de 1975-1989, el Acuerdo de Taif (1989) o la Revolución de los Cedros (2005).

Para expandir: Protestas históricas en el Líbano: hablemos de revolución

Descontento social

Las protestas se caracterizan por tener una base popular sin líderes aparentes aglutinando a miembros de todas las comunidades: cristianos maronitas, drusos, musulmanes chiíes y sunníes o refugiados sirios y palestinos. Por lo que son una protestas de base horizontal que abarcan un amplio espectro político y social, que no se caracteriza por estar definidas abarcando múltiples demandas que pueden llegar a ser contradictorias. Por el momento el movimiento de protesta se ha mantenido ajeno a las interferencias de grupos políticos que han tratado de cooptarlo, como “Fuerzas Libanesas”. Sin embargo, el movimiento se mantiene como una masa indefinida que representa el hartazgo social con el sistema político sectario nacido de la Guerra Civil, las políticas económicas neoliberales de austeridad y privatización de servicios públicos realizadas desde 1990 y la extensa corrupción del país. Hay que entender que este sistema político sectario, nacido en el Acuerdo de Taif, reparte por cuotas los puestos políticos: el presidente del país debe ser cristiano maronita, el presidente del gobierno musulmán sunní y el presidente del parlamento musulmán chií. Esto crea un complejo y delicado equilibrio entre las distintas comunidades que se reparten el poder. El parlamento también funciona por la misma lógica, y los pactos (y los gobiernos) destacan por ser muy opacos y transversales para que todos los grupos sectarios se lleven una cuota de poder.

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Historia de intervencionismo en Líbano

…Conclusiones

Oriente Medio es una región muy aficionada a la elaboración de las más variopintas teorías conspiratorias ante cualquier suceso que se produce. Las más pesimistas anunciaban una inminente guerra en suelo libanés alentada por Arabia Saudí e Irán a través de sus respectivos proxies. Según estas tesis, existiría una especie de acuerdo tácito incluso entre Israel y Arabia Saudí para atacar Líbano con el objetivo de debilitar el creciente poder de la milicia Hezbollah en este pequeño país mediterráneo.

Teorías aparte, en mi opinión Israel ya tiene su propia agenda para la región y aunque considere claramente a Hezbollah y su principal valedor Irán como enemigos a combatir, atacará o no en función de sus propios intereses y no por una situación coyuntural generada en el reino saudí. En todo caso, pienso que desestabilizar Líbano por la vía militar, lejos de ser el mayor de los males para Hezbollah, puede crear una situación favorable y en la que se sienta incluso más cómodo. Además, podría suponer un peligroso factor de desestabilización para toda la región. Hezbollah ha adquirido gran experiencia en combate durante los casi 7 años que dura ya la guerra en Siria y posee mejores armas y equipamientos. Además, una agresión a Líbano por parte de Israel, a buen seguro atraería las simpatías de otros colectivos como los cristianos que se unirían ante la presencia de un enemigo común. Arabia Saudí tiene además otras poderosas herramientas de presión a su alcance para conseguir sus objetivos como pueden ser la de cerrar el grifo a la línea de financiación o dificultar la inmigración laboral de los trabajadores libaneses.

Lo cierto es que la dimisión (forzada o no) de Saad Hariri ha abierto un período de gran incertidumbre para el Líbano, aquejado ya de por sí de los males descritos a lo largo del presente artículo. Este movimiento ha venido a demostrar que los “mecenazgos” externos se pagan caro, y no parece casual que el imperio inmobiliario del clan Hariri (Saudi Oger Limited) tuviera que echar el cierre a finales de julio de este año, debido fundamentalmente a las deudas contraídas con la Casa Real Saudí, o que incluso la dimisión del ex premier libanés estuviera conectada con la macro purga llevada a cabo supuestamente contra la corrupción, por el rey y su hijo el príncipe heredero Mohammad Ben Salman, por los excesivos compromisos del gobierno libanés con Hezbollah.

Líbano se encuentra hoy en día más si cabe en un complicado equilibrio dentro del caos y deberá afrontar con rigor los importantes desafíos que tiene delante planteados por el conflicto en la vecina siria, además del complejo panorama económico y la carencia de una identidad nacional y un estado fuerte. Desafortunadamente, todos estos retos deberá afrontarlos en un clima de turbulencias políticas que amenazan con frustrar cualquier intento de reconducir la situación.