Cartas suicidas en dos territorios de cien mil kilómetros

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Vista del oriente de Tegucigalpa.

Por Wendy Funes

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. La prosperidad de un país no depende del tamaño de su territorio. Corea del Sur es una potencia económica de Asia que se desarrolla en un poco más de 100,010 kilómetros cuadrados. En cambio, Honduras, un país de América Central, con 112, 492, sigue condenada al saqueo de fondos públicos y a pagar la deuda externa por obras que nunca entraron en marcha como el Trans 450.

Con esos 12,482 kilómetros menos que Honduras, el esplendor de Corea se encarna en sus símbolos de la farándula, los llamados “ídolos” o artistas con cuerpos, moldeados en rutinas de baile con trascendencia mundial. Del lado contrario,  en Honduras no hay inversión en el arte y las tinieblas de la corrupción y el mal gusto se refleja en la tosquedad y vileza de políticos criollos señalados por participar en actos de corrupción, tráfico de drogas hacia Europa y Estados Unidos y por aprovechar la pandemia del COVID-19 para robar fondos públicos mediante compras directas.

A falta de inversión en el talento de artistas nacionales, en los perfiles de redes sociales de las y los hondureños los adolescentes de otro grupo coreano, BTS, fascinan al público de este país latino. La vida en línea de los “idols” se puede seguir a través de las redes sociales y aunque desde la pandemia, la cantidad de sus publicaciones ha disminuido, sus admiradoras, llamadas Army, actualizan de manera frecuente sus redes con las imágenes y vídeos de los artistas

Foto del Twitter oficial de BTS
Redes sociales de "fans" de BTS en Honduras.

Incluso con esas diferencias extremas en sus realidades, ambos países sufren un fenómeno de muerte: el suicidio.

En cada país, el suicidio tiene sus propias características. Las muertes de Corea del Sur han creado conmoción en el mundo del espectáculo cuando los protagonistas tiene popularidad internacional. En Honduras, los casos van en aumento y son reportados en los diarios locales. Las víctimas más frecuentes suelen ser campesinos, indígenas, obreros, estudiantes, hombres, mujeres, la gente de las ciudades.

Pero ya sea que usted lea las cartas de la última despedida en Honduras, la misiva de un cantante coreano o “Las Cartas del más allá”, del periodista colombiano Felipe Gonsález Toledo, en su libro 20 Crónicas Policíacas, la motivaciones para esta muerte violenta suelen repetirse: tristeza, dolor, sienten que no podrán, que la vida es muy difícil y que las situaciones los rebasan.

El suicidio del vocalista de Shinee

La carta dejada por el cantante, compositor y principal vocalista de la banda Shinee, Kim Jong-hyun generó tristeza entre sus fans a nivel mundial y también en Honduras. “Estoy roto por dentro. La depresión que lentamente me ha ido carcomiendo ya me ha devorado», dice. En su carta, el principal vocalista da a entender que siente que no ha sido capaz. 

Su muerte por suicidio en diciembre de 2017, conmovió al mundo que había llevado a la cima al grupo. Esto se puede apreciar en las redes sociales de Twitter, Facebook, Tik Tok, entre otras. 

El suicidio en Corea del Sur es un tema de preocupación en la prensa internacional. En octubre de 2019, ocurrió la muerte de la estrella del pop y actriz Sulli. Entonces, la agencia DW de Alemania publicó un artículo, titulado El alto precio que pagan las estrellas del K-Pop en Corea del Sur.

En este artículo la DW hace un recuento de los suicidios y atribuyó a Emanuel Pastreich, director de la Sociedad de Asia con sede en Seúl declaraciones en las que el entrevistado cuenta que la vida de los ídolos del pop, como les llaman en aquella nación asiática, prácticamente pasa a ser propiedad de la firma que los contrata. “Los líderes de las bandas llevan vidas increíblemente antinaturales e inhumanas, señaló a DW».

La televisora HispanTv publicó en 2015 que Corea del Sur tiene una tasa de 29,1 casos por cada 100.000 habitantes en el 2012, la nación desarrollada con más suicidios, según datos publicados este mes por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

En cambio, la situación de Honduras sin estar en la prensa internacional es creciente en el modelo neoliberal, privatización y despojo de recursos naturales que avanzan sin beneficio para las clases desposeídas. Los estudios académicos han llegado a reportar tasas de suicidio de 11 por cada cien mil habitantes en los departamentos de La Paz e Intibucá, habitados por indígenas Lencas, campesinos o por sus descendientes. Intibucá fue conocido a nivel mundial por el asesinato de la indígena ambientalista Berta Cáceres.

“Es importante saber que por cada caso de suicidio, existen aproximadamente 20 intentos de suicidio…De acuerdo a los datos del año 2018 brindados por el Observatorio Nacional de la Violencia en sus boletines de información mensuales, la tasa nacional de suicidios fue de 5.1 por cada 100 mil habitantes. Los departamentos con tasas más elevadas fueron La Paz e Intibucá con 11.4 y 10.3 respectivamente. Las tasas más bajas fueron en los departamentos de Colón, Gracias a Dios y Olancho”, advirtió la oficina de la OMS en Honduras.  La siguiente tabla muestra como en los últimos años, este es un problema creciente en Honduras.

Según el grupo etario, el 80% de los hombres se encontraban entre los 18 y 59 años de edad y para las mujeres, entre los 12 y 30 años de edad. Los labradores o ganaderos, comerciantes individuales y estudiantes de diferentes niveles educativos fueron las principales víctimas de suicidio en 2017, según la OMS.

La oenegé Cespad, en su análisis ¿Por qué se suicida la gente en Honduras”, señala que mientras la Psicología supone que el suicidio afecta únicamente al individuo y depende estrictamente de factores individuales. Mientras que la Sociología muestra que el suicidio es uno de los tantos efectos de una crisis social y de unas fuerzas culturales en un momento histórico determinado y que trasciende las individualidades (Durkheim, 2004).

Cuadro elaborado por Cespad.

¿Por qué se suicida la gente en Honduras?

Carmen Martínez

La sicóloga Carmen Martínez hace un análisis con base en los casos atendidos. El fenómeno del suicidio a nivel general se puede enmarcar dentro de las consecuencias graves de la depresión, que lleva a tomar esta determinación de acabar con la vida como respuesta ante la no salida de una situación, vivencia o experiencia de extremo sufrimiento.

La psicología habla en relación a la depresión y el suicidio tanto de razones biológicas, psicológicas y sociales que pueden tener este desenlace. Podemos tomar como elementos importantes lo siguiente:
– Es una decisión individual, puede estar marcada por una serie de aspectos personales, desde la herencia genética de acontecimientos de suicidios anteriores en la familia, hasta razones muy particulares y circunstanciales como la muerte de un ser querido, pérdida un bien material, ruptura de alguna relación afectiva, el incesto, la violencia sexual, el maltrato infantil, el acoso, la violencia doméstica e intrafamiliar, padecimiento de alguna enfermedad, deudas y otros.
– Puede ser inducida por un acontecimiento muy duro, un conflicto y una situación de sufrimiento que no se puede sobrellevar.
– Existe un profundo descontento, desesperanza y un sentimiento de vacío de la vida donde no se encuentra asidero o razones para estar vivo, es el final de dicho camino.
– La depresión puede traer como consecuencia la adicción a diversos tipos de drogas y alcohol que puede ser detonante para suicidarse.

En Honduras de manera particular se puede inferir como las razones o motivos psico-sociales para el suicidio:
– La ruptura de la esperanza por encontrar el sentido a la vida, donde se mezclan una gran cantidad de situaciones personales, familiares y colectivas. Dentro de estas situaciones pueden estar: todas las formas de la violencia directa e indirecta experimentada en el hogar, la escuela, la comunidad y el país en totalidad.
– La escasez de recursos económicos, la perdida de todas las garantías a la vida negadas por el estado donde se ha minado el acceso a la educación, la vivienda, la salud, el trabajo, el alimento, la recreación y la cultura.
– Los hechos de represión, la violencia de las autoridades militares y policiales, la impunidad, la corrupción.
– La ruptura de la intimidad, cercanía y confianza de la gente con sus organizaciones patronales, gremiales, sindicales, municipales etc.
– El miedo y la zozobra permanente de perder la vida por la violencia del crimen organizado, las pandillas y maras, la delincuencia común, el sicariato.
– Perdida de referentes morales y éticos en las figuras familiares, comunales, políticas, religiosas, empresariales y de liderazgos sociales en el país.
– Los múltiples ejemplos que en Honduras en más fácil y rentable ser delincuente y narcotraficante desmoraliza sobre todo a la población joven con ideales académicos y de emprendimiento.

En conclusión, el símil es un callejón sin salida, donde no se vislumbra el futuro, porque el presente es oscuro y carente de todo sentido y respeto a la vida, el sentimiento y percepción es que se han cerrado y negado las posibilidades a tener una vida digna y plena, donde exista el bienestar general para todas las personas de este país.

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