5 de diciembre de 2020
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Grupos armados y protegidos por el gobierno para asesinar a la prensa

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Cuando en los grupos de poder supieron que el asesino intelectual de Arístides Soto no sólo pudo asesinarlo con impunidad sino que además se hablaba de una estela de crímenes para silenciar testigos, ya fue demasiado tarde para la prensa.

Lo cierto es que la huella de terror e impunidad se extendió como una madreselva en distintos puntos del país. A medida pasaron los años han ido apareciendo los nexos entre la narcopolítica y los asesinatos contra periodistas y la consecuente impunidad. Impunidad que es una argamasa que se construye con silencios, complicidad, sobornos, secretividad declarada por el Estado.

Es alimentada con el miedo que da el poder que tienen los asesinos para callar sus nombres porque revelarlos puede generar muertes o cárcel.El silencio es la otra cara del poder que tienen los asesinos intelectuales para incluso obstaculizar la investigación criminal.

El informe 31/16 del 22 de julio de 2016 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señala sobre la investigación criminal del crimen contra Soto que “las investigaciones fueron deficientes y no se realizaron con debida diligencia. En este sentido, sostienen en primer lugar, que el informe oficial de autopsia realizado el 9 de octubre de 2001 no fue remitido al juzgado hasta el 28 de noviembre de 2001. En segundo lugar, que las muestras de ADN, a pesar de haberse obtenido en octubre de 2001, no fueron enviadas al laboratorio sino hasta el 30 de mayo de 2002.

El mismo informe indica que al acudir a estas instancias los familiares manifestaron que “debido a la falta de cuidado en la recolección de las evidencias, las pruebas de ADN no arrojaron resultados concluyentes, pues de acuerdo con el informe del laboratorio, las muestras llegaron contaminadas o cubiertas de hongos. Por otro lado, los peticionarios indican que su acceso al expediente judicial fue restringido en varias ocasiones, al haber sido tratado por la fiscalía bajo la figura de “secretividad”, por lo que se les habría mantenido al margen de la investigación por más de un año”.

Hay líneas borrosas en el asesinato de Soto. Es un tema tabú en la prensa tradicional, o rodeado de verdades a medias, como suele ocurrir en crímenes contra la prensa. 

Una hipótesis policial fue la supuesta corrupción que Soto conocía o que se trató de un crimen pasional en el que supuestamente había personajes con poder no solo empresarial sino incluso político. Si la hipótesis de las autoridades es válida, entonces esos grupos poderosos habrían ejercido su poder hasta no dejar cabos sueltos que pudieran contar qué pasó esa noche en el hotel donde Soto fue asesinado y lanzado por un ascensor.

Después del deceso violento de Soto y mientras se atribuían supuestas nuevas muertes relacionadas con este crimen, que nunca fueron investigadas ni difundidas, los asesinatos continuaron en Copán contra Germán Rivas, en Santa Rosa de Copán.

Rivas cuestionaba una minera y su voz se difundía al tiempo que se gestaba el alcalde de El Paraíso, Alexander Ardón, que habría de construir una alcaldía fastuosa años antes de entregarse y señalar al presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, como su cómplice y de admitir el pago de sobornos para influir en la intención de voto en Copán.

Ocheintidós días después del crimen contra Rivas, El Frijol El Terrible, Carlos Salgado, cuya voz retrataba la corrupción, el tráfico de influencias a través del folklore que proyectaba en su programa de radio Frijol El Terrible, fue acribillado a sus 62 años de edad, después de grabar su popular programa. Era parte del equipo de Radio Cadena Voces.

Pero a partir de 2009, que en Honduras ocurrió un Golpe de Estado mataron periodistas en un rango que pasó de 224 días desde 2008 a 75, 18 y cada seis días. Los medios nunca contaron este hecho.

La muerte llegó varias veces al mes

El estudio de las fechas muestra que a partir de 2010 –que Porfirio Lobo Sosa- arribó al poder y que su hijo Fabio Lobo trabajaba con los narcotraficantes Los Cachiros y que estos se habían convertido en proveedores del Estado, a los periodistas los mataron cada tres días, cada nueve, cada 18…tal como muestra en la visualización que está al final.

Durante los siguientes cuatro años se observó la misma tendencia y en 2015, el segundo año de gobierno de Juan Orlando Hernández y el más letal para la prensa de Honduras, llegaron a matar periodistas con solo un día de diferencia, así hasta 2019.

Asesinatos en la ruta de la narcopolítica

Mientras en Nueva York el sistema enjuiciaba el hermano de Juan Orlando Hernández por narcotráfico, en Honduras asesinaron periodistas cada 4, cada 21, cada 20 y cada 41 días…

La capital política de Honduras y el departamento de Cortés, en la zona norte son los que presentan las cifras más altas de víctimas y luego siguen los departamentos donde opera el crimen organizado: Yoro, Copán, Olancho, Atlántida, Lempira y Choluteca. Las mismas rutas de la narcopolítica, esbozadas por testimonios de narcotraficantes en Nueva York como Devis Maradiaga y Alexander Ardón.

De manera que como se ha revelado en esta serie no solo hay grupos armados para asesinar a periodistas, financiados por políticos sino que además gozan de la protección que da la impunidad.

El ex presidente de la Asociación de Periodistas de Atlántida, Cesar Fúnez, señaló que de manera reciente fueron sentenciados los asesinos materiales de Víctor Fúnez y al igual que pasa en el resto del país hay una sensación de impunidad por estos crímenes porque no hay asesinos intelectuales identificados.

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