EDITORIAL Debemos resistir, la tiranía caerá

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Tegucigalpa, Honduras |Reporteros de Investigación. La historia está llena de ejemplos de Resistencia que lograron vencer dictaduras, tiranías y colonias que parecían invencibles y lo hicieron con inteligencia, persistencia, convicción, disciplina y estrategia, pero también con líderes sin apegos materiales sino seres súblimes dedicados a la liberación de sus debilidades para así liberar con coherencia a su pueblo.

En los ejemplos de Resistencia ante la opresión, las luchas civiles pacíficas como las de Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela ofrecen ejemplos del rol vital de la prensa libre para contar la verdad y desnudar los abusos de la opresión.

Sin duda, la igualdad que practicaba Gandhi esa micro revolución que se convirtió en una macro revolución en toda India es inspiradora, digna y ejemplar.

En este momento de desesperanza y confinamiento que vive el pueblo hondureño por la pandemia del Covid-19, debería repensar su existencia para conocerse a sí mismo, para empezar a tejer la liberación del país, para luchar con honor, para derrotar con inteligencia a la casta criminal que históricamente ha saqueado este país.

«Cuando me desespero, recuerdo que a lo largo de la historia, los caminos de la verdad y el amor siempre han ganado. Ha habido tiranos y asesinos, y durante un tiempo pueden parecer invencibles, pero al final siempre caen. […] Siempre»», decía Gandhi. Su resistencia pacífica logró la independencia de India que estaba bajo el imperio británico.

Como líder educó a su pueblo con hábitos sostenibles para demostrar que la libertad no es dada por caudillismos sino por conductas rutinarias como la de impulsar el hilado manual para boicotear el consumo de telas inglesas. Es decir, un pueblo decidiendo su liberación.

¿No les parece que es hora de iniciar un camino más sostenible basado en nuestra disciplina y comportamiento? Tenemos el poder de decidir a quien enriquecemos, donde guardamos nuestros ahorros, a quién compramos, a quién seguimos y cómo vivimos, esa es la verdadera Resistencia. Tirar piedras y quemar llantas es una violenta estrategia inmediatista, que divide y sirve para llamar la atención, mas, necesitamos una resistencia a largo plazo para construir un tejido social capaz de triunfar y derrotar la podredumbre. Una resistencia que pueda expresarse libremente, pero que cuando se lo impidan pueda tener estrategias para avanzar hacia el logro, una resistencia que pierda batallas, pero lista para ganar la guerra, capaz de demostrarle a políticos y banqueros abusivos y a empresarios que le han dado la espalda a este pueblo, durante la crisis, que somos capaces de gestionar nuestro futuro como nación con una estrategia sostenible.

«La prudencia y la firmeza de un pequeño número de personas puede llegar a cansar y a dominar incluso a numerosos ejercitos», cita el Arte de la Guerra, es por eso que hoy más que nunca es necesario seguir resistiendo pero con una nueva visión.

Desde Reporteros de Investigación resistimos haciendo un camino más largo y difícil, resistimos a entrar en la costumbre de enriquecernos de la noche a la mañana; nos resistimos a manipular con lo burdo, banal o vulgar; en cambio, vamos por el camino del método periodístico, son largas horas de trabajo y noches de desvelo, pero sabemos que lo vamos a lograr, estamos en la senda más lenta y pesada, pero sostenible y segura.

Somos una gran nación, con exuberancia natural, amabilidad para el forastero acompañada de una sonrisa y del mejor café del mundo, con pan; tenemos ocasos de colores y amaneceres con azules y anaranjados, podemos manejar en medio de las nubes en las madrugadas que las carreteras parecen pegadas al cielo, la gente es laboriosa y buena y nuestras minas de oro, que son explotadas desde la Colonia Española, siguen produciendo riqueza, ahora para canadienses y chinos, pero miseria para nosotros los hondureños, los verdaderos dueños de esa riqueza.

A todos los extranjeros que han llegado huyendo ya sea de una guerra mundial o de sus sistemas políticos los hemos acogido con misericordia y amor, se han casado, multiplicado y sus descendientes se han enriquecido con nuestro esfuerzo y nuestro suelo y ahora son prósperos empresarios hondureños que también deben repensar si el país que estamos construyendo es de igualdad y justicia.

Todos y todas debemos empezar a resistir porque un país con semejante fortuna no puede estar atrapado en manos de una casta criminal que multiplica la miseria, somos un país que puede dividir su riqueza entre todos y sacar del poder a quienes asesinan, oprimen y saquean condenando a la muerte y a la miseria, a los más miserables.

Si bien en este momento, el sistema parece darle ventaja a los fuertes, la pandemia demostró cuan vulnerables hemos quedado todas las clases sociales, con alguna ventaja los más fuertes, pero lo que sí es cierto es si no hacemos algo, la tiranía irá para largo y seguiremos siendo un país súbdito, humillado porque dejamos que unos pocos se aprovecharan.

Todos los sectores del país políticos, empresarios, padres, madres niños, niñas estamos viviendo en una burbuja de inmensa infelicidad y en un instante de miedo.

Los funcionarios le tienen miedo al pueblo, saben que la mayoría los desdeña; los empresarios tienen miedo al gobierno, pánico financiero, miedo a la ingobernabilidad, a perder sus posesiones y sus manías de control sin democracia porque el pueblo despertó y hay una era de cambio social innegable y una lucha de clases contenida a punta de arma y muerte; los militares y policías temen a perder su estatus, temen al dictador, temen a sus superiores y temen al pueblo, Juan Orlando le teme a los militares y al Departamento de Justicia de Estados Unidos. Los delincuentes temen por sus vidas y algunos escapan del país. Los jóvenes tienen miedo a la juventud sin oportunidades, otros caminan errantes, en la violencia como si vivieran en una sociedad recóndita apartada para ellos. En las calles de la capital se oyen tiroteos cada noche. En los pueblos, el abuso sexual, la violencia doméstica, el incesto, el hambre y la enfermedad hieren a este pueblo. Hay niños muriendo por desnutrición.

La gente teme por su sobrevivencia, es el país del miedo, bajo el yugo de una tiranía cuya máxima expresión es el gobernante acusado por nexos con el narcotráfico. Pero quienes conocen la realidad, saben que la opresión y las estructuras de corrupción no se acabarán el día que Juan Orlando Hernández caiga, porque caerá. A Juan Orlando solo le quedan las armas y un poco de militares con privilegios. Juan Orlando Hernández caerá.

Ese día el sistema turbio habrá sido solo golpeado sólo simbólicamente a menos que la población hondureña empiece a prepararse para vencer y cambiar la cultura de golpes de Estado, fraudes y crímenes militares, por una cultura democrática de oportunidades, éxito, gestión de la buena vida y la felicidad. Eso está en nuestras manos, en cada instante podemos decidir qué cambiar en nuestras vidas para pelear por un cambio radical.

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