Solo que muerta regreso a mi aldea

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Por: Carlos Méndez

(De la serie: Crónicas urbanas) 

Janeth García era una madre adolescente cuando se vino de la aldea El Madreal, Choluteca, hace más de treinta calendarios. 

Ella se enorgullece al contar que le crió 9 hermanitos a su mamá, mientras ella daba clases en una escuela de Linaca, una aldea retirada de su aldea.  

A los diez y seis años, Janeth tuvo su primer hijo. 

Su compañero de hogar, a los meses, un día cualquiera, le dijo con apremio: !Vamonos a Tegucigalpa! Aquí ya no se puede vivir. -Tuve que seguirlo- dijo. 

Carlos Méndez (RI): ¿Por qué se vino?

Janeth: Porque estaba enamorada de mi marido y por la vida. Allá es muy duro. Las tierras no sirven mucho, son estériles. No había cultivos ni trabajo. Entonces, la principal motivación fue la de mejorar económicamente para poder criar mejor a nuestro hijo.

Carlos (RI): ¿Cómo se vinieron? ¿Qué hicieron?

Janeth: Juntamos unas fichitas, pero antes le contamos a una tía lo que queríamos hacer y de inmediato se puso a la orden para ayudarnos, trayéndonos ella misma a vivir en una casa en la que vivía con su marido y sus hijos pequeños, en el Hato de en Medio, aquí en Tegucigalpa. Eso fue al momento de venirnos del sur. 

-Mi tía, para que decirle, se portó a las mil maravillas-. Con decirle que casi de inmediato le consiguió trabajo a mi marido y fue muy grande lo que hizo por nosotros. 

Carlos(RI): ¿Cuánto tiempo estuvo viviendo donde su tía?

Janeth: Un año

Carlos(RI): ¿Y eso fue poco o bastante para ustedes?

Janeth: Ni poco ni bastante, usted. No ve que tuvimos que salirnos porque a los meses de estar viviendo allí, el marido de mi tía empezó a molestarme, a decirme cosas, hasta el punto de hostigarme.

Carlos(RI): ¿Cómo?

Janeth:  ¡A enamorarme, usteé! Sucede que el trabajo le quedaba como a una cuadra prácticamente de la casa y cuando mi marido se iba al trabajo o mi tía no estaba también, el tipo regresaba a escondidas para decirme cosas. Empezó a cuentearme.

Un día quiso pasar de las palabras a los hechos. Pensó en abusar de mí, agarrándome por detrás. Yo me le safé, saliéndome hacia la calle y no entré de nuevo hasta que se fuera de allí. Estaba con cólera, pero también tin tin, muy preocupada por lo que podría pensar mi marido. Usté sabe como son los hombres de ahora-.

Carlos(RI): ¿Cómo pudo resolver esta situación?

Janeth: No sabía cómo hacer al principio, pero Dios me iluminó la mente al resolver que la verdad se la debía contar a mi marido. Y tuve suerte porque mi compañero me respondió con mucha comprensión. A mi  tía resolvimos no contarle nada. Y cuando le dijimos que nos íbamos de la casa, se quedó asustada. 

Empezamos a ver que era muy triste no tener dónde ir, por lo que allí comenzamos a pensar en la idea de tener un cuartito pero que fuera nuestro. Que fuera como fuera, pero propio. 

Por de pronto nos fuimos a meter a una cuartería. En las cuarterías, a veces es amargo, porque allí un montón de gente tiene que compartir un solo corredor, un servicio sanitario, una sola pila de agua y lavandero.

Carlos: ¿De que manera fueron sus relaciones con el resto de inquilinos? 

Janeth: De mucho cuidado. Había que estar pianito, porque la gente se aglomeraba para tener agua o para ir al servicio sanitario y eso era perro por las incomodidades y que, a veces, hacía que la gente se pusiera roja de la cólera.

Carlos(RI): En ese espacio…

Janeth: …Le voy a contar algo terrible. Fíjese que una vez, una señora se levantó muy de madrugada para lavar con el agua que había agarrado otra. Esta armó un pleito de los once mil diablos que terminó en un hecho feo…. ¡Uuuy usté, que horrible!. Una de ellas no pudo controlar su cólera y trayendo un machete de su cuarto le cortó una mano de un solo viaje. -Hasta el sol de hoy, le juro, mire, yo nunca había visto una cosa tan espantosa como esa.

Para ese entonces teníamos ahorrados unos centavitos con mi compañero y pedimos un préstamo al seguro social donde trabajábamos y con la ayuda de un hijo que está en los Estados Unidos compramos un terrenito en la Nueva Capital, en el Carrizal y nos trasladamos de emergencia.

Carlos(RI): ¿Y empezaron a construir?

Janeth: Sí. Construimos nuestra propia casa. Ya llevamos montón de años y aquí nos vamos a quedar para siempre, si Dios quiere.

Carlos(RI): Si alguna fuerza poderosa la obligara a pensar que tiene que regresar a la aldea ¿Cuál sería esa fuerza?

Janeth: Mmm (sonríe) ¡Solo que muerta me llevaran!

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