“Los pobres son muchos…por eso es imposible olvidarlos”

Foto: Cesar Fuentes

Por Cesar Fuentes

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Los indigentes también tienen derecho a vivir y a vivir según los postulados de los derechos humanos. Es decir, con Dignidad Humana. Resulta que el lunes pasado salí con mi amigo, el doctor José Erick Pérez para acompañarlo en su ronda cotidiana.

Íbamos a encontrarnos con Ovidio Moncada, nuestro amigo y mi compañero de la organización Acción Ecuménica por los Derechos Humanos (AEDH).  De pronto, cuando pasábamos por los puentes de “La Guadalupe”, en el punto de arranque del costado oeste del Bulevar Morazán, se nos quedó el vehículo; nos tocó parquearlo a un lado, también nos detuvo un cuadro de nuestra triste realidad que uno lee en los documentos sobre pobreza y pobreza extrema que escriben, con rigurosidad técnica y descarnada realidad, serios cientistas sociales.

Lo que el doctor Erick y yo vimos, lo recogió la magia de la fotografía:

Un compatriota, de aproximadamente unos 60 años, estaba apostado en uno de los pasillos del puente. Pudimos ver que –imitando a la demás gente y siguiendo las instrucciones SINAGER- había confeccionado una mascarilla.

Ahí estábamos con Erick y  Ovidio que había llegado a encontrarnos cuando recién avanzábamos con el vehículo. Le comenté sobre el caso del señor; pensamos en la creatividad y la necesidad. Demostrando con hechos aquella frase que reza: “la necesidad es madre de la creatividad”. Igual que “el hombre común” muchos indigentes usan su ingenio para hacer cosas que nos sorprenden por su arte.

Pero esa triste escena nos llevó a filosofar sobre el conjunto de pobres en el mundo y en nuestro amado país. En Honduras deambulan por las calles miles de pobres pidiendo ayuda solidaria para calmar su sed y hambre. Se encuentran en todas partes, en cualquier esquina, paradas de buses, puentes y semáforos, limpian los vidrios y parabrisas. Hacen maromas y malabares con filosos machetes y pelotas, etc. Y todo por su derecho y voluntad de vivir o, para ser más preciso, sobrevivir en paupérrimas condiciones.

Como ese anónimo señor, hay muchas historias de compatriotas que viven del “día a día” y que ante la falta de oportunidades de trabajo decente les toca a los más desvalidos – salir a las calles a pedir- si no es que son víctimas de alguna red de trata, si salen de manera espontánea, lo hacen con la esperanza de encontrar la generosidad de nosotros: sus hermanos hondureños.

Nuestra final reflexión:

Camino a casa con Erick, Ovidio y yo retomamos el tema de los Derechos Humanos. Y concluimos que esta pandemia –COVID-19-, además de poner al descubierto la vulnerabilidad de los países más fuertes económicamente, como EE.UU., Europa, China, etc., y la fragilidad de sus sistemas sanitarios, no digamos la nuestra y de países hermanos de Latinoamérica, ha sacado a flote gestos hermosos de solidaridad. Y, evidenciar que el virus ataca tanto al rico como al pobre que no distingue condición social. Y que invita a que nos veamos como hermanos. 

Que la Tierra es nuestra casa: “la casa común”, que tenemos que cuidar el planeta, amarlo intensamente. 

Al despedirnos,  Ovidio me dijo: ¿Creés vos, César, que este gobierno esté consciente de las peripecias de los indigentes –adultos mayores, niñas y niños- y que esté haciendo lo que debe hacer, en apego a la ley y a la ética humana?

Y yo le recordé el lapidario texto del poema inmortal de Roberto Sosa:

“Los Pobres”:

“Los pobres son muchos, por eso es imposible olvidarlos”.










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