Algunos apuntes sobre el COVID-19

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Diego Daniel Aguilar López. [1]

San Pedro Sula, Cortes.
15 de Abril 2020

La crisis global del covid-19 nos trae a la palestra pública nuevamente cuestionamientos desde la ética, la biopolítica y la globalización. Nunca antes la humanidad en su historia había acumulado tanto capital; ya sea este cultural, monetario, científico y tecnológico. Acumulación que nos permite seguir minuto a minuto al mejor estilo de “reality show”, las cifras en aumento de contagios, de muertes y de recuperados, producto del covid-19.

Si bien es la primera vez que la humanidad presencia una pandemia sanitaria a escala global y de clase, el ser humano que es parte de la naturaleza, surge de ella y es fruto de la misma, el capitalismo financiero y global ha instrumentalizado la ciencia y la tecnología para tomar la naturaleza como un objeto de explotación y de acumulación de capital, obviando o negando los efectos negativos sobre el globo terráqueo, sus ecosistemas, su biodiversidad y la vida misma.

La vida que es el criterio fundamental de la ética, es también la lucha contra el capitalismo financiero que al mismo tiempo es una lucha de la ética y la vida como principio fundamental frente a una acumulación desmesurada y en desequilibrio con el entorno.

El covid-19 ha puesto en discusión lo público y lo común y visibiliza una interrogante acumulada en el tiempo ¿han sido las políticas públicas de cohorte neoliberal acertadas los últimos 30 años? y es que la pandemia refleja la producción y la reproducción de las desigualdades de género, clase, etnia, sexualidad y del inexistente estado benefactor en África, Oriente Medio y América Latina y el Caribe.

Los grupos hegemónicos que hacen el reiterado llamado al retorno a la normalidad, además de una visión perversa es también el retorno a una normalidad fortalecida y rearticulada al capitalismo financiero. Esta fractura y cuestionamiento al modelo civilizatorio fue expuesto desde grandes movilizaciones y organizaciones políticas indígenas a finales del siglo XX, procesos políticos que cuestionaron la precarización histórica de la vida, la destrucción sostenida del ecosistema, la biodiversidad, el colapso ecológico, la desmesurada agroindustria y la militarización de la sociedad de nuevo siglo; además de un fuerte cuestionamiento ante las relaciones y paradigmas desde el ser humano y su relación en equilibrio con la naturaleza.

Esta relación que es un cuestionamiento sostenido de la metrópoli como consumidora y el campo rural como productora, por ello, retornar a la comunidad, a ruralizar, indigenizar la metrópoli, la ciencia y la tecnología es una llamada histórica de los pueblos originarios, afro, mujeres y disidencias sexuales, desde una alternativa política que supere las lógica capitalista financiera, con la siguiente propuesta; 1. Retornando a la comunidad. 2. Reorganizando la economía hacia una economía local – regional planificada. 3. La despartriarcalización y desracialización de la sociedad. 4. Una convivencia equilibrada entre ser humano, economía planificada y la naturaleza. y 5. Transformación de un mundo global a un nuevo mundo, desde las alternativas políticas y económicas, que superen la polarización de la izquierda en matrimonio con el libre mercado.  

Si bien lo que más crece además de los horrorosos índices de muertes provocadas por el covid-19 es la incertidumbre de quienes administran la crisis. La pandemia además, permite ver lo peor y lo mejor de la sociedad.

La crisis que no es solamente una crisis sanitaria, es una crisis del modelo civilizatorio vista como una etapa criminal y asesina del capitalismo financiero global, donde lo que prevalece es el mercado por encima de las vidas humanas. Si bien, el covid-19 se manifestó entre las élites burguesas, viejas oligarquías, banqueros e industriales, sus muertes están orientadas en este punto a los sectores que históricamente el modelo a desahuciado. Lo vemos en los registros no oficiales como redes sociales, donde los cuerpos yacen en llamas en Guayaquil, fosas en Europa, contenedores fríos en Nueva York y el acondicionamiento del Estadio Olímpico Metropolitano en la ciudad de San Pedro Sula, esta faceta asesina limita las opciones de sobrevivencia de los que el modelo ha descartado hace un muy buen tiempo previo al covid-19.

La pandemia ha profundizado las desigualdades, el empobrecimiento y la violencia dirigidas a los sectores que históricamente han denunciado e interpelado al Estado neoliberal, hoy narco Estado. Si bien hay un reconocimiento simbólico hacia el gremio de la salud, no ha habido mejores salariales, apertura a puestos de trabajo y/o adquisición de derechos, por el contrario, existen manifestaciones propias del capitalismo como la creciente ola de políticas fascistas como el confinamiento y aislamiento social obligatorio sin previa preparación alimentaria y sanitaria.

Otras manifestaciones capitalistas son el abandono sistemático de los sistemas de salud, de educación, de vivienda y protección social, así como la tercerización y privatización de derechos fundamentales como la educación, la salud y un entorno saludable. El llamado al confinamiento y aislamiento social desde el discurso neoliberal es para evitar el colapso del sistema de salud ya colapsado, pero no para salvaguardar la vida. Este llamado obligatorio y totalitario es visto para no “gastar” recursos en las personas y más en aquellas que el modelo descarto hace un tiempo.

Esta aceptación de la población provocada por el miedo y el terror de Estado, es reforzada cuando es la población quien bajo esquemas y políticas fascistas y totalitarios puede denunciar a otras personas que no cumplan la norma establecida, vista como un acto de responsabilidad ciudadana y de aporte al detente de la propagación del covid-19, siendo un claro instrumento de control social desde el aparato del estado militarizado y narcotraficante.

El covid-19 ha abierto el debate hacia una diversidad de posibilidades post crisis, como un Estado debilitado financieramente, un mercado global al borde de un conflicto bélico, una depresión económica, el aumento de la violencia, del empobrecimiento y la desigualdad así como la extracción desmesurada de recursos en África, Asia, Medio Oriente y América Latina y el Caribe, pero al mismo tiempo  es una posibilidad de reformas estructurales, de la reestructuración del Estado de bienestar y primordialmente de revoluciones y transformaciones sociales, políticas y económicas.

Ha este punto, nada podría ser peor que el retorno a la normalidad, puesto que en esta “normalidad”, el mundo ya no va hacer como lo conocíamos bajo el lente del capitalismo financiero, el neoliberalismo y el capitalismo financiero ha fracasado frente al covid-19, pero han triunfado endeudando a los Estados y salvaguardando el capital transnacional, la banca, la industria y el narcotráfico, por ello la apuesta por el modelo civilizatorio anti capitalistas, anti patriarcales, anti racistas y por economías planificadas equilibradas con el entorno desde la ruralización, la indigenización de las metrópolis como alternativa a la etapa más crítica de defensa del capitalismo financiero desde la crisis de 2008, pueden generar un transformación de la política como servicio público y común y no de dominación, así como de la ética que reafirme la vida y la comunidad.

[1] Licenciado en Historia, militante del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia.

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