«Algo cambia en nuestros cerebros»

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Sofía es una periodista hondureña. Aceptó que su caso sea difundido. Ella misma escribió su testimonio en 19 páginas y pidió omitir los datos que la identifiquen porque su vida corre riesgo. Lleva casi dos años viviendo en el anonimato luego de una golpiza policial y de amenaza a muerte. El dolor corporal es uno, el laberinto emocional, otro:

Mi historia

“Hubo un punto de quiebre en mi vida, en donde la violencia activó algo en mí que hasta ahora no he podido explicar, creo que los y las periodistas que cubrimos situaciones de violencia especialmente las periodistas que nos dedicamos a la defensoría, también necesitamos ayuda, nuestro cerebro empieza a cambiar y a trabajar de una manera distinta, especialmente cuando nuestra niñez fue marcada por la violencia, no es fácil sobrellevar el contexto de violencia del país, quizás necesitamos algo de ayuda”.

El 03 de agosto del 2010, nos encontrábamos con el FRU defendiendo la autonomía universitaria, yo estaba en el portón por donde entran los autos, a las once de la mañana empezó el ataque de un gran contingente policial con bombas lacrimógenas y la famosa tanqueta. Casi a las tres de la tarde mientras corría hacia atrás con el grupo una bomba lacrimógena cayó enfrente y no pude ver nada, solo sentí que alguien me haló del brazo hacia algún lugar, era un compañero militante, el error fue que me haló hacia una de las casetas de entrada; vimos como el grupo de policías regresaban repelidos por el grupo de estudiantes, cuando nos vieron nos cayeron a golpes, a Nolan lo halaron hacia adentro del campus universitario y a mí hacia afuera, nadie sabía lo que me estaba pasando, más de 10 policías me golpeaban, me daban patadas, con los puños, con los toletes me pegaban en la espalda y en las pantorrillas con la intención de tirarme al suelo. Yo sabía que si me caía me masacrarían a patadas, así que me abrí lo más que pude y resistí todos los toletazos en mis pantorrillas, enrolle la pañoleta en la mano izquierda pues era lo único que me identificaba que pertenecía a la manifestación. Grité lo más fuerte que pude para alguien escuchara que estaba en medio del bulto de uniformados.

Hasta que sentí que me halaron hacia arriba de la camiseta, era el Comisionado Chamorro un misquito enorme, mientras me sostenía en el aire los policías continuaban golpeándome, me sentí piñata, el Comisionado me sacó hacia afuera preguntándome los nombres de los líderes, supuestamente para hablar con alguien, yo guarde silencio, y sentí que ese día algo se quebró dentro de mí, sentí una ira descomunal, ni siquiera me dolían todos los golpes que me propinaron.

Chamorro me dijo que me sentara en una piedra, una mujer policía quiso quitarme  la pañoleta, pelee por ella, y me senté. Recuerdo que se acercó un agente cobra, me lanzo una patada en la cara, calculo mal porque por unos centímetros fallo y le gritó: “Comisionado démosle a esta maldita a los policías para que la despedacen”. Hay algunas cosas que creo que nunca olvidaré. Chamorro le ordeno a dos policías que me custodiaran entre ellos una mujer, ella no dejaba de insultarme, yo estaba tan encandilada que no tenía miedo y le contestaba. En un momento sentí como un uniformado se cuadro y me golpeó con el tolete la cabeza como si fuera una pelota de beisbol, me hizo ver lucecitas, le grité que se pusiera frente a mí que quería verle la cara que no fuera cobarde, no lo hizo. La policía seguía insultándome, vi pasar a Dina Meza y le grité que me habían agarrado, no me hizo caso, después me di cuenta que ella creyó que yo estaba hablando con los policías. La uniformada me interrogó ¿a quién le hablas perra, criminal?, le conteste que a mi hermana porque esa constitución que ella decía defender me daba derecho a que me vieran, la mujer se colocó enfrente de mí para que nadie me viera. En una segunda ocasión Dina se cruzó, y por debajo de las piernas de la policía le grite que me habían agarrado, Dina se acercó, me tomo fotografías e inmediatamente me subieron a una patrulla cuando Dina trató de acercarse al automóvil se la tiraron encima.

Arriba de la patrulla iba un muchacho al que golpearon hasta llegar a la posta de la San Miguel. Al llegar nos sentaron, la encargada pregunto al conductor que por qué nos llevaban contesto que no sabía, después le preguntó a los que nos custodiaron también contesto que no sabían; después me llamó me identifique como periodista y pasante de la carrera de derecho, me pregunto que por qué nos llevaron, al escuchar las respuestas de los uniformados, yo también conteste que no sabía. Luego ordenó que nos ingresaran a las bartolinas, al chico lo metieron con otros tipos, en la de mujeres había un antisocial, en ese momento sentí temor, pero la uniformada indico “traigan a la periodista” y me sentó a su lado. Momentos después pedí ir al sanitario, al salir no había nadie, era fácil salir corriendo, pero se me ocurrió que podía ser una trampa para aplicarme “la ley fuga”, así que regresé a donde me habían sentado. A todo esto ya empezaba a sentir los dolores de los golpes en todo el cuerpo. Llegaron un grupo de abogados de derechos humanos, del Frente y del Sindicato de la UNAH, al verlos inmediatamente nos trasladaron al Core 7. Puesta allá, los dolores eran más intensos.

Fue irónico, llegó el Comisionado Chamorro, ofreciéndome agua. Como a las siete y media de la noche nos dejaron ir sin cargos. Recuerdo que defensores del  Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura (CPTRT), le tomaron fotos a todo mi cuerpo torturado, me dijeron que fuera a su oficina para una revisión.

El día siguiente me hice presente al CPTRT me hicieron revisión y exámenes, luego una abogada del  Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) me acompañó a interponer las denuncias por torturas y detención ilegal, las que nunca fructificaron. Fue una semana de incapacidad, difícil no podía dormir de los dolores, empecé a deprimirme, así que a los cuatro días con los dolores y analgésicos, me activé.

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