Vi un crimen y les grité pero siempre lo cometieron

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Artículo de opinión

Por Wendy Funes

Vi un ataque armado y les grité para que no lo hicieran. Nadie me escuchó. Los demás apenas voltearon y siguieron con su vida.

Me fui gritando y diciéndoles que pararan que él sólo había hecho lo mejor por nosotros y no me escucharon y me fui y se oía el machete cayendo con fuerza destrozando sus brazos y los gritos vibraban en las raíces enterradas debajo de la tierra.

Fue impune y cruel. Y yo solo les grité que no lo hicieran, por favor. ¡En qué cabeza cabe!, les grité. Lo despedazaron con crueldad, con fuerza, dandole machetazos en cada zona de su cuerpo para que deje de molestar.

Esta noche, hace un instante he ido a la escena del crimen, está herido, sin ramas, con la mitad de su tronco, ni siquiera pudo tener sus últimas hojas como el del poeta uruguayo, lo abracé, sentí que aún vive, sus raíces también, lo he sentido fuerte, pero no pudo disimular su tristeza, no sé si el frío que me transmitió cuando lo abracé, era ese mismo de la agonía de la muerte que sentí una vez, unos minutos antes de la partida de un joven, envuelto en una cobija pestilente, sobre una camilla oxidada, de un hospital público de Honduras.

No sé si será el mismo frío. No sé qué harán los pájaros en la mañana, no sé si ya lo sabrán, no sé si ahí comían, pero ahí existían.

Yo iba a decirles que la alcaldía lo prohíbe y me acordé que ellos más bien les hubieran venido a ayudar.

-«Ay no, es que las hojas y las raíces molestan el cemento», me replicaron. Nos da oxígeno, fue lo único que me salió.

Me dio vergüenza que se rieran de mí y por eso no pude decirles que molestaba el cemento de ellos pero que nos ayudaba a otros. ¡Qué lástima que no era mi cemento!

Ahora pienso que mejor les hubiera dicho que yo lo miraba cada mañana porque él siempre amanecía alegre, no me atreví a decirles que desde que él se hizo frondoso, creció la garza de flores blancas bajo su sombra y la otra que es verde acua con verde oscuro de hojas anchas.

Me dio vergüenza contarles que cuando me asomaba movía sus hojas con calma, perdonenlo porque molesta al cemento porque conmigo sí fue bueno, les hubiera dicho yo.

Quizás debí decirles que a mí me daba fuerza y esperanza y era bonito ver los pájaros posados ahí para soportar vivir en este país de muerte.

No sé mañana hacia dónde veré cuando me pare en el umbral, no sé si se va a morir… Y no sé hacia dónde emigraràn los pájaros.

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