Investigaciones CrimenData.inv

Las víctimas borradas This story was made possible thanks to a crowdfunding campaign by Press Start. Gracias a Irex Europe. Con esta investigación periodística, realizada con el apoyo de PressStar, se saca a luz que después de cuatro meses intentando conocer las actuaciones judiciales, relacionadas con estos hechos, las autoridades negaron y ocultaron información pública. Por Wendy Funes     1 El silencio Santa Elena, La Paz. El sol está por ocultarse. La leña crepitante se va a convertir en carbón. Al amanecer, será cenizas blancas, del mismo color de los fogones blanqueados con la cal que los indígenas sacan de los cerros altos. En las tardes, huele a vapor de café hirviente, mientras la neblina va cayendo en los prados. El aire se vuelve más helado. Este paísaje apacible es una zona indígena Lenca del municipio de Santa Elena, aledaño al municipio cafetalero de Márcala, conocido por producir el mejor café de Honduras. En la aparente quietud de sus praderas frescas, se pueden ver a jóvenes que caminan varias horas hacia sus centros de estudio, con escolaridad primaria. Muchas se convierten en madres antes de culminar la adolescencia, pocas llegarán a secundaria y muchas menos estudiarán una carrera universitaria. La marca del sometimiento es evidente en las cifras de violencia doméstica que registra la policía. Los roles asignados a las niñas son las labores domésticas, pero además algunas han llevado en su vientre frutos que decidieron sacar de su cuerpo porque les recordaba la violación sexual que sufrieron. Sin saber que la ley hondureña califica estas conductas como infanticidio o como aborto. Sus agresores siguen libres y ellas fueron a la cárcel y además de la prisión debieron soportar el estigma social de haber perdido la virginidad. La Fiscalía negó solicitudes de información pública, relacionadas con este tema. Los jueces de la zona también. Pero esta realidad hoy sale a la luz. En los últimos 12 años, hubo niñas que fueron llevadas a prisión por la muerte de su recién nacido. Y si usted pregunta: -¿Quién las violó? -Se sabe en el pueblo, pero ¡Mire be! (Fíjese), ¡Ay están sin castigo!, platican los indígenas. Acá hablan más los hombres. Las mujeres son hurañas para conversar con desconocidos. Luisa Martínez Pérez (identidad modificada) ahora trabaja en una maquila industrial de Tegucigalpa, la capital de Honduras, una ciudad entre pinos con edificios modernos y arquitectura colonial. Ahora Luisa es ya una mujer. Su presunto violador, Woanerges Martínez, tiene orden de captura desde el 12 de agosto de 2004. Han pasado 12 años y la policía no lo detiene. Luisa fue detenida en abril de 2004 por infanticidio. El cuerpo del recién nacido estaba dentro de una letrina. Hasta después de su detención, iniciaron el proceso contra su presunto violador. La violación habría ocurrido cuando la joven tenía 17 años. Un mes después que se librara orden de captura para Martínez, por supuesta violación, Luisa, su “víctima”, obtenía la carta de libertad definitiva después de conmutar la pena por la muerte de su recién nacido. El Código Penal de Honduras califica el infanticidio como la muerte provocada a un recién nacido y el aborto, como la interrupción voluntaria del embarazo. La conmuta implica que hay que pagar al sistema judicial 10 lempiras (menos de 50 centavos de dólar) por cada día que se estaría en prisión. A la joven, el 9 de septiembre de 2004, el Juzgado de Letras Seccional de Comayagua le dio una carta de libertad por haber compensado la pena. Fue condenada a cuatro años y seis meses de reclusión por infanticidio. La Carta de Libertad Definitiva lleva la firma de Glenda Carolina Ayala, como jueza de Ejecución Penal de la Sección Judicial de Comayagua. Desde Tegucigalpa hay que recorrer más de 170 kilómetros de distancia para llegar a la aldea Ciciguara, de Santa Elena. La casa de sus padres se puede encontrar preguntando por Don Luis. Acá todos se conocen por nombre y apellido. Luego de atravesar las milpas de maíz secas tras el paso de las cosechas de postrera; se camina por un pasaje de tierra, rodeado por alambre de púa. Debajo de una pendiente, está una casita hecha con barro, agua y cal, tapada con tejas. Han transcurrido unas 10 horas de viaje, desde la partida en la capital de Honduras. Varios niños con señales de desnutrición, perros flacos y los rostros tristes de María Pérez y de su esposo, Luis Martínez, dan la bienvenida. Entonces, con la tradición oral campesina, la madre de la víctima empieza relatar su historia. «Me la violó el señor Woanerges Martínez y yo no me di cuenta de nada. Ella estaba trabajando, venía de trabajar, dice mi hija; cuando dice que el hombre estaba a este lado de la montaña (señala uno de sus costados), entonces dice que ahí, la agarró ¡pues! a la fuerza y la llevó. Ella por temor no me explicó nada». «Cuando ya fue tiempo (de dar a luz), que ya fue sorprendida a la media noche que eran como las 10:00, 11:00 de la noche. Yo ni sabía que estaba embarazada. Yo la hacía que era una niña porque estaba menor de edad, todavía, ya andaba comenzando los 17 años (de edad)». «Yo no sabía nada, lo que apareció después es que ella aparece con una fiebre y, bueno yo (pensaba) que aquello era pasajero». A medianoche, la policía llegó, rodeó la casa y le dijeron que su hija había cometido un delito. María no sabía por qué se llevaban a su hija. «Yo no creiba (creía) de aquello». «La detuvieron hasta que pagó ella. Estuvo cinco meses (presa), si no le hubiéramos puesto (abogado) nosotros, ¡asaber! Y el hombre y la familia del dicho hombre, ahí están la familia. Nunca nos dijeron, le vamos a hacer una ayuda para que la cipota (niña) salga. ¡Mire be! (Fíjese) uno hasta vendiendo hasta sus bienes que uno puede pasar, para después. Eso quedó así (en la impunidad)”. Desde ese momento, la madre ha tenido múltiples padecimientos al recordar … Sigue leyendo Investigaciones CrimenData.inv